(Frederi) Frédéric Mistral

Nació en el Mas du Juge en Maillane (Bouches-du- Rhóne) el 8 de septiembre de 1830, murió en Maillane el 25 de marzo de 1914. Hijo de unos modestos terratenientes, hizo sus estu­dios en el Colegio real de Avignon, de don­de salió bachiller en 1847; siguió después los cursos de Derecho de la Facultad de Aix, donde se licenció en 1851. Ya en los años de colegial traducía al provenzal los Salmos penitenciales y había trabado amistad con un pasante, Joseph Roumanille, que soñaba con restituir sus patentes de nobleza a la lengua provenzal, oficialmente proscrita a consecuencia de la ordenanza de Villiers Cotteret de 1539; en ella se ejercitaban poe­tas, obreros o campesinos, autores de en­sayos gramaticales; pero las asambleas lite­rarias que Roumanille reunió en Arles en 1852 y en Aix en 1853 no tuvieron éxito. Decidido a no abandonar la hacienda de su padre, emprendió Mistral, en 1851, después de algunas buenas tentativas poéticas, la com­posición de una epopeya en muchos cantos, Mireya (v.), que no se publicaría hasta bas­tantes años más tarde. Le unían relaciones de amistad y buena vecindad con jóvenes intelectuales, apasionados también por el renacimiento de la literatura provenzal, y especialmente con Théodore Aubanel (v.). El 21 de mayo de 1854, fiesta de Santa Es­trella, Mistral, Roumanille, Aubanel y cua­tro literatos más de lengua provenzal se reunieron en una casa de las cercanías de Gadagne y decidieron fundar una escuela literaria. A este propósito Mistral recuerda un fragmento de una obra de San Anselmo, en el que evoca «a los siete felibres de la ley» que discuten en el Templo con Jesús.

Bauti­za a los siete compañeros con el nombre de «felibres», palabra de la que no se conoce con exactitud la etimología ni el significado. El «felibridge» adoptó el siete como número sagrado, Santa Estrella como patrona y Mistral juró escribir su «ley». A la muerte de su padre, en 1855, el Mas del Juge pasaba a su hermano mayor; Mistral y su madre fueron a vivir en una casa de enfrente, llamada «del lagarto», a causa de un pequeño reptil de piedra que coronaba el dintel. Colabora activamente en la Armana provengau, reco­pilación anual del grupo, y emprende un vasto trabajo lingüístico y lexicográfico, que terminará en 1878 con la publicación, a expensas suyas, del Tresor dóu Felibridge, completísimo diccionario provenzal-francés. Mireia, leída finalmente en público en Mar­sella el 29 de octubre de 1858, impresa en 1859 por Roumanille y elogiada por La­martine, alcanzó un gran éxito, incluso en París, éxito que se acentuó más aún cuando en 1864, Gounod, con la colaboración del propio Mistral, extrajo de ella el tema de una ópera. En 1867 nuestro poeta publicó Calendal (v.). Mientras Saint-René Taillandier, profesor de la facultad de Montpellier, ejercía las funciones de tutor y, por decirlo así, servía de garantía universitaria al «felibridge», entonces en plena expansión, Mistral era el jefe literario indiscutido del mo­vimiento.

La ventolera patriótica que vol­vió a poner en boga las fuerzas provincia­les y regionales a raíz de la invasión y del sitio de París, reforzó el movimiento «feb­bre» que celebró el quinto centenario de la muerte de Petrarca con grandes fiestas en Avignon y manifestaciones de todo géne­ro en Marsella, Aix, Arlés y Montpellier, donde recibió las adhesiones de los especia­listas en lenguas románicas, como Gaston Paris y Michel Bréan. 1876 fue un año especialmente importante para Mistral: publicó con el título Las islas de oro (v.) una reco­pilación de todas las poesías compuestas desde su juventud, y que en gran parte contiene lo mejor de su obra. El 21 de mayo, el «felibridge» aprobó en Aviñón una constitución muy esmerada cuyas grandes líneas habían sido trazadas por Mistral y que le ha sobrevivido. En septiembre de aquel mismo 1876, Mistral, que tenía cuarenta y seis años cumplidos, se casaba con Renée-Louise Rivière, hija de un comerciante de Dijon, la cual tenía veintisiete años menos que él. En 1878, su popularidad había rebasado am­pliamente los límites de Provenza. A raíz de la publicación de Nerto (1884, v.), «poema aviñonés», la Academia repartió el premio Vitet entre él y Gustave Droz. Mistral se encontraba en aquel momento presente a la apoteosis parisiense del «felibridge», po­derosamente apoyado por Paul Mariéton, rico lyonés que se había convertido en un ferviente «felibre».

Con la simpatía de nu­merosos eruditos en lenguas románicas, Mistral llegó incluso a pensar en una especie de verdadera federación internacional del «feli­bridge», que iría desde Portugal hasta Ru­mania. Los 10 000 francos del premio Jean Reynaud, de la Academia, le permitieron fundar en Aviñón, en 1891, un periódico provenzal, el Aioli, que aparecerá tras veces al mes durante siete años, con la ayuda de Folco de Baroncelli-Javon y de Marius An­dré. Tras la caída del Segundo Imperio, no habían faltado tentaciones políticas al «feli­bridge», acusado a veces de maniobras separatistas por la prensa de la capital. El debate que persistía en la opinión pública francesa en tomo al problema monarquía- república reforzaba estas tentaciones, que Mistral, por su parte, trató de superar o, por lo menos, de dominar. En 1878 hubo de ceder a las presiones de Roumaville y sacrificar al piadoso pero sensual Aubanel, tipógrafo del papa, que se había hecho sospechoso de republicanismo y de inmoralidad a los ojos de la sociedad burguesa de Aviñón. En las elecciones de 1880, se negó Mistral a presen­tarse como candidato de los conservadores monárquicos. En 1890, año en que aparece La reina Juana (La reina Jano), se veía claro que la acción de los «felibres» con respecto al desarrollo de la lengua proven­zal era ilusoria y que esta lengua no se emplearía en las escuelas elementales; en marzo de 1892, parte de los jóvenes «felibres» se lanzaba con Maurras a la acción polí­tica. Mistral condenó esta transformación po­lítica del «felibridge»; pero se adhirió a la «Lligue de la Patrie française», fue anti- dreyfusista, anticombista y nunca desmintió su amistad con Maurras.

En 1907 se negó a apoyar la rebelión de los viñadores de Montpellier contra el poder central. Pero sería atrevido deducir de todo esto una doctrina política de Mistral. A partir de 1900, en un ambiente que la divergencia de opiniones había hecho febril, el poeta debía dedicar su vejez a una serena exaltación de las letras provenzales. Ya en 1897 había aparecido El poema del Ródano (v.). Mistral se fue a vivir en una gran casa adquirida por él en la carretera de Saint-Rémy, donde recibía correo, regalos y visitantes de Fran­cia y de otros muchos países; y entonces se convirtió en la figura que la posteridad recuerda de un modo perdurable: con su legendario chambergo negro que aureola el noble y agudo rostro de mosquetero, la bar­ba a la imperial, la abundante corbata de lazo y el cuello bajo, y una imperceptible sombra de afectación en su actitud. En 1906, año en que aparecieron Mis orígenes, Me­morias y relatos (v.), compartió con Eche- garay el Premio Nobel (cuyo importe, 100 000 francos) consagró a la fundación en Arlés del «Museo Arlaten», donde se puede en­contrar una completa imagen de Provenza: rústica, pastoril, marítima, fluvial, urbana, artesana y familiar. También en el mismo año emprendía en el cementerio de Maillane la construcción de su propia tumba, a la que dedicó la última oración de su postrera co­lección de versos, La cosecha de las aceitu­nas (Lis Ouivado, 1912).

La pomposa inau­guración de una mediocre estatua en Arlés (1909) no constituyó indudablemente una gran satisfacción. Aunque dispensado de las visitas de protocolo, Mistral renunció a la can­didatura para la Academia francesa. Pero las fiestas de los «felibres» en Aix, en mayo de 1913, significaron una apoteosis para él, y en octubre del mismo año, Raymond Poincaré detuvo cerca de Maillane su tren pre­sidencial para visitar a Mistral e invitarle a comer en el propio vagón. El 18 de marzo de 1914 salió Mistral para presidir el bautis­mo de la campaña de la iglesia de Maillane, cuya inscripción votiva en verso había compuesto él. Un enfriamiento le llevó a la tumba pocos días después. Póstumas apare­cieron en 1926 Proso d’armana y en 1927 Nouvello proso d’armana, a la que siguió inmediatamente después una tercera reco­pilación. La biblioteca de Aviñón conserva cincuenta mil cartas de corresponsales de Mistral; doce mil cartas, cambiadas por él con sus amigos, se guardan en las colecciones públicas y privadas del Midi. Mistral estableció contactos con los poetas catalanes de la «Renaixenca», movimiento paralelo al del resurgimiento provenzal. Su amistad con Víctor Balaguer (v.) se estrechó con ocasión del destierro político de éste en Francia. Admirador de Jacint Verdaguer, alentó con sus elogios la obra juvenil del poeta catalán.

J. Brosse