Poetisa chilena nació en Vicuña, provincia de Coquimbo en 1889 y murió en Nueva York en 1957. Se llamaba Lucila Godoy Alcayaga y era de ascendencia vasca, hija de un maestro de escuela; firmó sus escritos con el seudónimo de Gabriela Mistral por su admiración juvenil a Gabriel D’Annunzio y a Federico Mistral, según parece. Fue maestra rural de escuela primaria durante varios años y llegó a dirigir un liceo (centro de estudios secundarios) en Santiago de Chile. En 1922 fue invitada a colaborar en la reorganización de la enseñanza en México por el secretario de Educación pública e ilustre pensador José Vasconcelos. Después fue representante consular de su país en Madrid, Lisboa, Petrópolis (Brasil), Los Ángeles (EE. UU.) y Nápoles (Italia); y también desempeñó cargos representativos en la Sociedad de las Naciones y en las Naciones Unidas.
Gabriela Mistral es una poetisa singular de gran altura lírica, hija literaria de Rubén Darío y del modernismo, pero sin desviaciones hacia «ismos» estridentes, sino con una personalidad vigorosa que la lleva hacia un sentido universal del amor materno, hacia una especie de panteísmo de sentido cristiano que concreta en su devoción por el niño y por la Naturaleza; niño, tierra y paisaje que ve, natural y principalmente, a través de su país (v. Poesías). Unos prefieren la primera etapa de la poetisa, representada esencialmente por las composiciones de Desolación (1922); otros exaltan la etapa representada por las composiciones más abstractas de Tala (1938), continuadas realmente por las de Lagar (1954). La maestría del lenguaje está en ambas etapas, con el cariño por el vocablo y el giro vernáculo. Pero el tiempo verá quién tiene razón cuando se vea lo que en verdad sobrevive; sin embargo, no estará de más afirmar que la ternura y el sentimiento delicado e insuperablemente íntimo de algunas composiciones de su primera época son mirados con recelo o con desdén por el gusto selecto y minoritario de hoy, pero quizá lleguen a ser el motivo esencial de una exaltación futura.
La ilustre lírica fue una excelente prosista en sus artículos, cartas y otros trabajos, como sus Recados, verdaderos ensayos sobre personalidades literarias modernas, su estudio de la Vida de San Francisco de Asís, etc. Su prosa ha sido estudiada por Alfonso Escudero en La prosa de Gabriela Mistral, fichas de contribución a su inventario (1950); hay publicadas una Gabriela Mistral, su vida y su obra, en 1946, por Julio Saavedra Molina. El crítico Augusto Tamayo Vargas cita un libro titulado Gabriela Mistral (1889- 1957), publicado en Washington en 1958, «que incluye diversos trabajos en homenaje a la memoria de la poetisa, así como una valiosa bibliografía». Sin embargo, la personalidad de esta mujer excepcional habrá de motivar muy pronto en torno a su vida y a su obra completa y de conjunto una corriente biográfica y crítica más intensa. La lírica del amor, que vio deshecho el suyo con el suicidio de su prometido, la maestra y madre ideal que no tuvo hijos y volcó la capacidad de su inmensa ternura maternal en los hijos ajenos, la mujer de profundo sentido cristiano que llevaba el espíritu y la naturaleza de su país en el alma y supo darles en sus poemas una jerarquía y un tono de universalidad, es una figura literaria cuyos contornos se agigantan con el tiempo. En 1945 le fue otorgado el premio Nobel de Literatura.
J. Sapiña

