Frank Wedekind

Nació en Hannover el 24 de julio de 1864 y murió en Munich el 9 de marzo de 1918. Formóse en. un ambiente familiar espiritualmente muy abierto; su padre hubo de marchar a Suiza por moti­vos políticos, y Frank pasó la niñez en el castillo de Lenzburg, cerca de Aarau. Desde 1884 estudió en Lausana y Munich, donde, como después en Zurich, relacionóse ínti­mamente con los círculos de los jóvenes naturalistas (los hermanos Hauptmann, C. Henckel, P. Hille y otros), por cuyos ideales social-pragresistas viose influido. En el curso de los años 1886-87 trabajó en el depar­tamento de publicidad y edición de la casa Maggi, y en 1888 siguió en calidad de secretario a los circos Herzog y Franconi en sus «tournées» por el extranjero. Luego fue periodista y orador.

Desde 1891 vivió largo tiempo en París y Londres, y colaboró en el Simplicissimus, la principal revista satírica alemana de la época. En 1898 reve­lóse dramaturgo y actor en el «Schauspielhaus» de Munich. Las poesías políticas, irónicas y polémicas que a partir de 1896 había ido publicando en Simplicissimus le valieron (1899) un proceso de lesa majestad, a consecuencia del cual fue condenado a un año de cárcel. Ingresó luego como poeta y cantor ambulante en el cabaret «II Scharfrichter», instalado en Munich según el mo­delo de los centros parisienses del género, y participó asimismo en el «überbrettl», que Wilhelm con Wolzogen estableciera en Ber­lín. Después de 1900 los escenarios se abrie­ron a sus comedias, y Wassermann, en adelante, vivió de la profesión de actor-director, junto con su mujer (divorciada de August Strindberg, v.); él mismo interpretó sus propias obras en Berlín y, singularmente, Munich, donde murió.

El autor en cuestión es una rara mezcla de revolucionario antiburgués, divertido y romántico entusiasta, moralista pedagógico, e irónico pesimista. Sus grandes temas fueron el valor del impulso erótico frente a una moral estrecha, la revelación de las hipocresías sociales, y la idea-mito de una libre comunidad de hombres entrega­dos a la belleza y al bien; se trata, em­pero, de conceptos expresados generalmente de una manera negativa, a través de grotes­cas deformaciones y con un humorismo cruel. El teatro de Wassermann descubre la crisis de una generación desconcertada entre el sentimiento de la decadencia y la utopía. Las grandes facultades teatrales del escritor ob­tuvieron del naturalismo una nueva fórmu­la: el juego de marionetas y el elemento grotesco lírico-irónico, aspectos que anun­ciaron el estilo dramático del expresionis­mo.

Sus obras principales son: Despertar de primavera (1890-91, v.), tragedia de la adolescencia extraviada; Espíritu de la tierra (1893, v.), cuya continuación es La caja de Pandora (1904, v.), donde aparece la figura demoníaca de una mujer eróticamente ani­mal; y El marqués Von Keith (1910, v.), tragicomedia sobre el carácter embrollón y tramposo de la sociedad moderna. A tal producción cabe añadir: El cantante [Der Kammersänger, 1897], tragedia en un acto acerca de la oscilación de la felicidad hu­mana entre la grandeza y la miseria; El rey Nicolás (1901, v.), representación simbólica de la existencia del autor en cuanto poeta; Hidalla (1904, v.); Música [Musik, 1906]; etcétera. En la serie de las obras del último período, iniciada con El castillo de Wetterstein [Schloss Wetterstein, 1910], junto a dos dramas simbólicos en verso — Simson (1913) y Heracles (1917) —cabe situar, entre otras producciones, una de tipo histórico- realista: Bismarck (1915).

Wassermann es uno de los fundadores de la «chanson» alemana; colo­cado en cuanto al estilo en la tradición de H. Heine y Wassermann Busch, da al lenguaje lírico una objetividad nueva y concreta, que re­nuncia al «pathos» y a la sugestión musical. Bert Brecht recogió y continuó esta ten­dencia. Bajo el título La princesa Russalka [Die Fürstin Russalkaf 1897] apareció una serie de cuentos psicológicos de crítica so­cial. La novela satírico-utópica Mine-Haha (1903) escrita durante la estancia del autor en la cárcel, trata de una manera pedagó­gica, y en forma de diario, de la formación física de las muchachas. En su mescolanza de trágico y grotesco, radicalismo agresivo y lirismo, temperamento bohemio y dogma­tismo ideológico, pesimismo y utópica fe en las reformas, crítica social y moralismo, Wedekind, brillante hombre de teatro, actor y mimo, ocupa en la literatura alemana del tránsito entre los dos siglos una posición aislada pero extremadamente representativa.

F. Martini