Frank Norris

Nació el 5 de marzo de 1870 en Chicago y murió el 25 de octubre de 1902 en San Francisco. Con su contemporáneo Stephen Crana (v.) es el iniciador del «naturalismo» en la literatura narrativa norteamericana. De estirpe anglosajona, Norris fue hijo de un rico comerciante de joyas al por mayor. Desde su niñez, su madre le había inspirado entusiasmo por Scott, Dic­kens y Stevenson, y esta admiración fue decisiva en su carrera. En San Francisco, a donde la familia se había trasladado cuan­do él tenía quince años, y después en París, estudió pintura. En la capital francesa asis­tió al Instituto Artístico de París, en la época de Zola y de Maupassant, cuya exis­tencia ignoraba. El futuro «naturalista» se sumergió en los estudios de J. Froissart, de la Chanson de Roland y de la Edad Media. Su medievalismo asumió forma literaria, cuando tenía diecinueve años, en Yvemelle, romance caballeresco en verso. Vuelto a América, pasó cuatro años como joven rico y negligente, si bien cursó estudios de literatura en la Universidad de California.

Habiendo leído allí las obras de Zola (cuyo determinismo interpretó no como una teoría científica y filosófica, sino como un elemen­to puramente dramático t. se dio cuenta de que la romántica sed de lo inmenso, ex­traordinario, fantástico y grotesco, podía apagarse en lo cotidiano del mundo mo­derno; y las sagas escandinavas le impul­saron por este ya adelantado gusto de los dramas «épicos», cuyos verdaderos protago­nistas no eran los hombres, sino «fuerzas» impersonales e inhumanas. Estos dramas, que él consideraba que se podían encontrar «en el salón del que vive frente a nosotros», constituyeron para él la Verdad detrás de aquellas prosaicas Apariencias celebradas por el gran portavoz del «realismo» americano, W. D. Howells (v.); y la revelación de esta verdad le pareció la craison d’étre» del no­velista. Otro año de lecturas y de escritos en Harvard dio lugar a sus primeras novelas, McTeague (inédita hasta 1S99) y Vandover y el bruto [Vandover and the Brute. 1914]; bastas pero poderosas obras que hacen pen­sar en Zola y estudian, en dos casos dife­rentes, el fenómeno de un atávico retomo a la bestialidad.

Después de un periplo por África, durante el cual asistió a la rebelión de los boers, Norris se convirtió en periodista en San Francisco, y después en lector de una editorial de Nueva York. Fue él quien, en el desempeño de este último cargo, descubrió Hermana Carrie de Th. Dreiser. De su obra de este período se desprende su obsesión por las ideas de la energía primaria, de la fuer­za bruta, del vigor físico animal y acerebral, que pronto habían de ser plenamente explotadas por Jack London. Después, de golpe, concibió el proyecto de una «saga» americana — La epopeya del trigo [The Epic of the Wheat] — en la que vertería la sus­tancia íntegra de su imaginación- De tal proyecto derivó, en 1901, El pulpo (v.), novela en la que los impersonales protago­nistas fueron el grano y los trenes; y en 1903, El pozo (v.), una continuación de calidad inferior que estudiaba el destino del grano en el mercado de cereales de Chi­cago. La obra había de ser mía trilogía; pero el proyectado tercer Tolamen, El lobo [The Wolf] quedó en proyecto cuando, a los treinta y dos años, murió Norris después de una operación de apendicitis.

S. Geist