François Ponsard

Nació en Vienne (Isè­re) el 1.° de junio de 1814 y murió en París el 7 de julio de 1867. Licenciado en Leyes en París, Ponsard ejerció la actividad forense en Vienne, como su padre, pero cultivó tam­bién la literatura. Su paso decisivo por tal camino fue la traducción del Manfredo (v.) de Byron. El interés intenso, frecuentemente combativo, con que seguía la producción teatral de su tiempo, le llevó a esbozar una preceptiva propia de restauración clasicista del drama («acontecimientos verosímiles… sentimientos nobles… pasiones desarrolladas con arreglo a la verdad»), que aplicó a una tragedia en verso, Lucrèce (v. Lucrecia), su primer trabajo. Representada en París poco después del clamoroso fracaso de Los Burgraves (v.) de Hugo (1843), pareció aportar una voz y una exigencia nuevas al teatro romántico entonces en crisis, y ob­tuvo un resonante éxito.

En realidad, Lu­crèce es menos notable por sus caracteres artísticos que como índice de las tendencias y los gustos que predominaban en el gran público, y la calurosa acogida que obtuvo no se repitió en las siguientes tragedias de Ponsard mantenidas a un nivel de correcta me­diocridad literaria y superficiales en cuanto a su armazón: Agnès de Méranie (1847), Charlotte Corday (1850, v.), Horace et Lydie (1850), Ulysse (1852), Galilée (1867), etcétera. Algún éxito obtuvieron la come­dia L’honneur et Vargent (1853) y el drama Le lion amoreux (1866). Sin embargo, la crítica reconoce un mérito a Ponsard, el «chef de l’école du bon sens», como le llamaban iró­nicamente sus adversarios: el de haber contribuido a liberar el teatro francés de la orgía romántica.

C. Falconi