Francisco Suárez

Nació en Granada el 5 de enero de 1548 y murió en Lisboa el 25 de septiembre de 1617. Recibida la primera formación literaria, fue enviado a la Uni­versidad de Salamanca, la más célebre de España, para que iniciara en ella los estu­dios de Derecho. En el año 1564 ingresó en la Compañía de Jesús, y se orientó hacia la filosofía y la teología (1566-70), materias en las cuales realizó progresos tanto más extraordinarios cuanta menos fácil le resul­tara al principio su estudio. A los veintidós años lo había terminado ya; le fue confiada entonces la enseñanza de la Filosofía y, luego, la de Teología, misiones a las cuales se dedicó durante cuatro años, primera­mente en Segovia (1575-76) y después en Valladolid (1576-80). Ingenio ardiente, no se contentaba siguiendo los métodos habi­tuales, que habían llegado a revelarse inadecuados para despertar el interés de los estudiantes; y así, planteaba nuevos pro­blemas, proponía otras soluciones y pro­movía el estudio de las fuentes, la crítica de los argumentos y la profundización de las cuestiones.

A las censuras provocadas por su no pedante adherencia a la doctrina tomista, respondió Suárez afirmando su fidelidad a la misma aunque manteniéndose indepen­diente de toda forma de repetición material. En 1578 fue llamado a Roma, donde se le confió la primera cátedra de Teología de la Universidad más importante de su orden, el Colegio Romano; pero la debilidad de su constitución física, comprometida por un trabajo continuo, no soportó el clima de su nueva residencia, excesivamente distinto del de la patria. Y así, vuelto a España (1585), enseñó en Alcalá; no obstante, llegado a esta población Vázquez, temperamento muy animado y audaz, Suárez, de carácter sensible y tímido, luego de algunos sinsabores debidos a la disparidad de opiniones pidió y obtuvo la vuelta a Salamanca (1593-97), desde don­de pasó a Coimbra (1597-1617) por deseo de Felipe II. Simultáneamente con el ejercicio de la enseñanza preparó la aparición de sus obras teológicas, filosóficas y jurídicas: de 1590 a 1613 publicó trece libros, y póstumos vieron la luz otros diez entre 1619 y 1655.

Las ediciones completas de Venecia y parís están integradas, respectivamente, por veintitrés volúmenes en folio y vein­tiocho en cuarto. La gran mayoría de los tratados presentan un contenido teológico. De contenido filosófico son la obra maestra de Suárez, Disputaciones metafísicas (1597, v.), primer texto acerca de toda la filosofía en cuanto ciencia en sí, ajena a la teología y al pensamiento aristotélico, y el Tratado del alma (v.) (1621), revisado por el autor sólo en su primera parte. De contenido jurídico es el famoso tratado De legibus (1612), que empieza con el planteamiento y el desarrollo de las cuestiones de filosofía del derecho, doctrina del Estado, institucio­nes democráticas y fundamentos del derecho internacional, del que fue precursor, y que todavía hoy reviste de viva actualidad el pensamiento de Suárez Las Disputationes metaphysicae fueron muy conocidas incluso más allá del ámbito de las naciones católicas; lo mismo que Descartes, las estudió Leibniz.

Grocio tuvo en consideración De legi­bus. La última obra de nuestro autor fue la Defensio fidei catholicae adver sus anglicanae sectae errores (1614), en la que, entre otras cosas, defiende el poder indi­recto del Papa sobre los soberanos tempo­rales, y la legítima protección de los ciuda­danos contra un príncipe convertido en tirano; el texto en cuestión fue quemado públicamente en Londres, y asimismo en París por el celo de los regalistas galicanos. A las obras mencionadas cabe añadir De incarnatione Verbi (1590), Varia opuscula theologica (1599), De Deo uno et trino (1606), y, aparecidas póstumas, De gratia (1619, 1651), De angelis (1620), De fide, spe et charitate (1621) y De ultimo fine (1628). En su producción Suárez aparece como el representante más ilustre de la escolás­tica renacentista; contemporáneo de Giordano Bruno y de Francis Bacon, reunió, en los albores de la filosofía moderna, la he­rencia plurisecular de la especulación grie­ga y cristiana en el audaz intento destinado a presentarla en una síntesis grandiosa y llena dé las experiencias más diversas.

C. Giacon