Francisco Pi y Margall

Político, periodista y escritor español. Nació en Barcelona el 29 de abril de 1824 y murió en Madrid el 29 de noviembre de 1901. Estudió la carrera de Leyes en la Universidad de Barcelona, de la que se doctoró en Madrid en 1847. En la capital de España colaboró en la revista El Renacimiento y en el diario El Correo, el cual dejó de publicarse con mo­tivo del primer artículo de Pi y Margall, que provocó la caída del ministerio. Hombre de firmes convicciones izquierdistas, viose pri­vado de todo medio de vida y aceptó un cargo en un banco de Barcelona, ocasión que aprovechó para estudiar a fondo las cuestiones financieras. Muerto Pablo Piferrer, nuestro autor continuó la obra Recuer­dos y bellezas de España, de la cual redactó parte del segundo tomo, dedicado a Cata­luña, el de Granada y parte del de Sevilla. A continuación dio a la luz el primer volu­men de Historia de la pintura en España (1851), que fue condenada por la Iglesia y prohibida. Siguieron Estudios sabré la Edad Media, libro que también fue condenado, y La Reacción y la Revolución.

Pi y Margall parti­cipó en los hechos revolucionarios de 1854 y, dos años después, disueltas las Cortes Constituyentes por el general O’Donnell, pasó a Vergara. Volvió a Madrid en 1857 para incorporarse a la redacción de La Dis­cusión, que dirigía Nicolás María Rivero. En 1864 fue nombrado director de este dia­rio, desde el cual combatió a los demócratas individualistas y defendió las doctrinas so­cialistas. Desde entonces luchó incansable­mente para derribar la dinastía borbónica y en 1866 tuvo de emigrar a París, donde se dedicó a la abogacía; allí tradujo las principales obras de Proudhon, colaboró en algunas revistas y siguió dos cursos en la Sorbona. Triunfante la revolución de 1868, regresó a Madrid al ser elegido diputado a las Constituyentes por Barcelona. En las nuevas Cortes, Pi y Margall pronunció elocuen­tes discursos en defensa de una república de forma federal. Combatió el gobierno de Amadeo I y contribuyó decisivamente a la proclamación de la República. Formó parte del primer gobierno republicano como ministro de la Gobernación. El 11 de junio de 1873 fue elegido presidente del nuevo régi­men.

En su programa de gobierno expuso, entre otros puntos, diversas medidas para el restablecimiento de la disciplina en el ejército, la separación de la Iglesia y el Es­tado, la enseñanza gratuita y obligatoria, la abolición de la esclavitud en Cuba, la autonomía de las provincias de Ultramar, el establecimiento de jurados mixtos de obre­ros y patronos, la prohibición del trabajo de los niños y la venta, a censo reservati­vo, de los bienes nacionales como medio para iniciar una política de elevación económica de las clases trabajadoras. A los pocos me­ses viose obligado a dimitir y fue sustituido por Salmerón. Su conducta en el gobierno fue de una honradez intachable. Después del golpe de estado de 3 de enero de 1874, Pi y Margall se mantuvo alejado de la política activa por algún tiempo. Dedicado de nuevo al cultivo de las letras, publicó Joyas lite­rarias (1876), Las Nacionalidades (1876), obra que fue traducida al francés, y el pri­mer volumen de la monumental Historia de América (1878), que quedó incompleta.

Al mismo tiempo difundía sus ideas políticas; inspiró el proyecto de Constitución apro­bado en la Asamblea de Zaragoza de 1883 y redactó el programa federal de 22 de junio de 1894. En 1890 fundó en Madrid el semanario El Nuevo Régimen, en el cual defendió la autonomía de Cuba y se opuso a la guerra de España con los Estados Unidos. En 1910 los republicanos de Barce­lona publicaron como homenaje a P, y M. una colección de artículos políticos suyos, con un prólogo de Gabriel Alomar. El 29 de abril de 1917 fue colocada la primera piedra de un monumento a su memoria en la parte alta del Paseo de Gracia. Pi y Margall gozó fama de austero, sencillo y laborioso, y aun sus enemigos políticos elogiaron su inteligencia y honradez. Su nombre ha sido durante largos años un símbolo para los republicanos españoles.