Francisco José de Caldas

Naturalista y escritor colombiano; nació en Popayán en 1771, murió en 1816. Se doctoró en Jurisprudencia para complacer a sus familiares, pero sus inclinaciones eran científicas.

Sin ape­nas disponer de medios adecuados de tra­bajo, en las «tinieblas» que rodeaban a América, según su propia expresión, realizó investigaciones y descubrimientos que sor­prendieron a hombres tan ilustres como Mutis y Humboldt, de los que fue amigo y compañero.

Después de diversos experimen­tos con instrumentos que él mismo se fabri­caba muchas veces, llegó a la conclusión de que «la temperatura del agua destilada, en ebullición, es proporcional a la presión atmosférica», nueva ley física que le per­mitió medir las alturas mediante nuevos procedimientos y que fue utilizada después por Humboldt, quien sorprendentemente se olvidó en este caso del inventor.

Recorrió el país y el resultado de sus trabajos movió a Mutis a ponerlo al frente del observato­rio de astronomía (1805-1810). Entregado de lleno a la lucha por la Independencia, no abandonó por ello sus trabajos e investiga­ciones, hasta que fue apresado, condenado a muerte y fusilado por los realistas.

El pre­sidente del tribunal que lo juzgó dijo por su cuenta aquello de que «España no nece­sita de sabios»; pero España se sintió más tarde avergonzada de la incultura y cruel­dad de su representante y dedicó al ilustre C. una placa de mármol en la Biblioteca Na­cional (Madrid).

Su labor científico-literaria se encuentra esencialmente recogida en el Semanario del Nuevo Reino de Granada (v.), que se publicó semanalmente de 1808 a 1809 y continuó en cuadernos mensuales hasta 1810, en que fue suspendido. En él vieron la luz dos trabajos fundamentales del ilus­tre hombre de ciencia: Estado de la geogra­fía del Virreinato de Santa Fe de Bogotá con relación a la economía y al comercio (v.) y Del influjo del clima sobre los seres organizados (v.).

En sus famosas Cartas se advierte la influencia de Rousseau, de Feijoo y de Jovellanos, y en toda su obra, una tendencia europeizante, un esfuerzo titáni­co por incorporar a América la tradición cultural europea. En su labor al frente del Diario Político, órgano de la lucha por la Independencia, en su artículo necrológico sobre Mutis, en sus informes y hasta en sus estudios botánicos, hay una indudable ca­lidad literaria, producto del instinto artís­tico de este extraordinario hombre de cien­cia neogranadino.

J. Sapiña