Francisco de Rojas Zorrilla

Nació en Toledo el 4 de octubre de 1607 y murió en Madrid el 23 de enero de 1648. Era hijo de cierto Francisco de Rojas, denominado en la capital toledana, por su feo aspecto, el alfé­rez Zopas. Se cree que debió de estudiar en Salamanca, donde, sin embargo, no pa­rece haberse graduado. En 1631, termina­dos o interrumpidos los estudios, hallábase en Madrid; a partir de esta fecha su exis­tencia discurrió en el ambiente de la corte de Felipe IV. Colaboró en las fiestas orga­nizadas por el rey, singularmente en los jardines del palacio y del Buen Retiro, cuyo teatro fue inaugurado en 1640 con la repre­sentación de una comedia del mismo Rojas, Los bandos de Verona. Desde 1632 era poeta y dramaturgo aplaudido, y este mismo año firmó, junto con Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna o La lavandera de Nápoles.

Participó en acade­mias y concurrió a certámenes poéticos, cuya parte satírica, denominada «vejamen», pro­vocaba frecuentes y vivas discusiones entre los escritores participantes; a consecuencia de uno de estos litigios Rojas fue agredido y herido gravemente el 24 de abril de 1638. Sostuvo relaciones amorosas con la actriz María de Escobedo, quien diole una hija que llegó a ser actriz famosa. En 1643, y luego de una encuesta en la que intervino Que- vedo, le fue concedido por el monarca el hábito de la orden de Santiago, y ello a pesar de la modesta categoría de su padre, escribano en Murcia, y de la presencia de elementos moriscos y judíos en su ascen­dencia. La muerte de nuestro autor no de­bió de ser natural, por cuanto no hizo tes­tamento y se requirió la licencia del vi­cario para la inhumación. Dramaturgo fe­cundo, dejó setenta comedias, quince autos sacramentales y dos entremeses, además de numerosas colaboraciones con Coello, Cal­derón, Vélez de Guevara, Mira de Amescua, Solís Belmonte, etc.

Otras muchas obras le han sido atribuidas sin fundamento. Su producción fue reunida por el mismo autor en dos colecciones (1640 y 1644). Rojas destaca en dos géneros dramáticos: el de la tragedia y el de la comedia de «gracioso», singular­mente en la de carácter cómico. El tema del honor, en su relación con el sentimiento de respeto y devoción al soberano, aparece en Del Rey abajo, ninguno (v.), en la que se dan bellas escenas en elogio de la vida rústica. Américo Castro ha indicado como esencial en el drama de Rojas la importancia concedida a la mujer, que venga su propio honor — A cada cual lo que le toca, Progne y Filomena, La traición busca el castigo e incluso Don Lucas del Cigarral (v. Entre bobos anda el juego) — o, por lo menos, tiene conciencia de su propio valor — Peli­grar en los remedios, Los bandos de Verona, o Donde hay agravios no hay celos —.

El ex­tremismo barroco en el empleo de estos motivos se observa asimismo en el relieve que el autor concede en otros géneros a la comicidad o al ingenio. Se le considera creador de la comedia de «figurón» con la obra Entre bobos anda el juego o Don Lucas del Cigarral, llena de incidentes y de una encantadora delicadeza, y situada en un ambiente de hosterías y pueblos toledanos; fue imitada por Corneille en Don Bertrand del Cigarral y por Scarron en Don Japhet d’Arménie.. El «figurón» es un personaje ridículo en sus actitudes, singularmente cuanto más se juzga noble y digno. Otras obras de Rojas fueron imitadas por autores franceses, por Lesage en particular. El es­tilo de nuestro autor ofrece las mismas características que el de Calderón, o sea un lenguaje culterano y conceptista, con un lirismo y una construcción que pretenden moderar el ímpetu de la acción mediante formas retóricas.

M. Muñoz Cortés