Francesco Redi

Nació en Arezzo el 18 de febrero de 1626 y murió el 1.° de marzo de 1698 en Pisa. Por la gran cantidad de aficiones que tuvo, aun sin unificarlas, por su agudo ingenio y sobre todo por sus cualidades de sagaz observador de los hechos naturales, es una personalidad de capital importancia en la vía que Galileo había abierto hacía poco tiempo. Licenciado en Medicina y Fi­losofía en Pisa (1647), permaneció varios años en Roma como maestro de retórica en la familia Colonna. En 1654 se estableció en Florencia y figuró entre los promotores de la Academia del «Cimento» (1657). Lector de lengua italiana en el Estudio florentino, tuvo como alumnos a algunos literatos céle­bres como Menzini, Filicaia, Salvini y Marchetti.

Fue considerado entonces en Floren­cia y en Toscana como «el árbitro de la literatura». Fue sincera y escrupulosamente religioso, alegremente bondadoso e íntegro, pero supo siempre manejarse muy bien en medio de la difícil sociedad contemporánea. Su fama de escritor y de poeta ha quedado vinculada a la límpida y aguda vivacidad con que redactó opúsculos y tratados (v. El globo de Peretola), empleando como medio, con preferencia, la forma epistolar, y sobre todo en el célebre ditirambo Baco en Tos- cana (v.) originado en una «intemperancia» de la Crusca (12 de septiembre de 1666), de la cual Redi fue académico y archicónsul. Por sus investigaciones y anotaciones rela­tivas a manuscritos buscados y colecciona­dos por él, se considera a Redi como el ini­ciador de los modernos estudios lingüísticos y dialectales.

Como científico, sus experien­cias e investigaciones en algunos campos de la Biología y la Medicina constituyen el punto de arranque de progresos moder­nos (v. Experiencias en torno a diversas cosas naturales, Experiencias en torno a la generación de los insectos, Observaciones en tomo a las víboras). Fue, por lo demás, uno de los primeros árcades, habiendo sido admitido en la Academia de la reina Cris­tina de Suecia.

C. Jannaco