Francesco Mario Pagano

Nació en Brienza (Lucania) el 8 de diciembre de 1748, murió en Nápoles el 29 de octubre de 1790. Fue en 1770 lector extraordinario de Ética en la Universidad de Nápoles, y a partir de 1775 elocuentísimo abogado también. De 1783 a 1785 publicó en dos volúmenes, au­mentados a tres más tarde, sus Ensayos po­líticos… (v.). Su elevación a la cátedra de Derecho penal, en 1785, de la citada Uni­versidad, le proporcionó ocasión de publi­car en 1787 unas Consideraciones sobre el procedimiento criminal (v.) y trabajar asi­mismo en los Principii del códice penale, publicados póstumamente. Tres dramas y una comedia suyos, publicados entre 1787 y 1792 le complicaron en una agria polé­mica con Pietro Napoli-Signorelli. Nom­brado en 1789 abogado de los pobres en el Tribunal del Almirantazgo, llegó a ser juez del mismo en 1794.

Por otra parte, el ha­ber defendido calurosamente, de oficio, a los procesados en el ruidoso proceso político de los «reos de Estado» tramitado en 1794, lo hacía sospechoso, por lo que en febrero de 1796 era detenido, y hasta julio de 1798, después de haber sido absuelto libremente, no fue excarcelado. Desterrado entonces en Roma, y luego en Milán, volvía a Nápo­les en enero de 1799, donde, huido Feman­do IV, había dado comienzo la breve vida de la República, de cuyo gobierno provi­sional fue influyente miembro, aparte de ostentar la presidencia del Comité legisla­tivo y de redactar un proyecto de Consti­tución. Caída la República y figurando en­tre los «reos capitulados» había sido em­barcado, el 25 de junio de 1799, en la nave inglesa «Audax» para ser expatriado, pero la violación de la capitulación le valió el encarcelamiento en Castelnuovo, un pro­ceso sumarísimo y la ejecución en la horca en el Carmine.

Esta gloriosa muerte y la subsiguiente aureola de mártir de la liber­tad fueron en parte a proporcionarle du­rante decenios una excesiva fama cientí­fica, reducida hoy a sus justas proporcio­nes, por cuanto actualmente no se le reconocen otros méritos que los de haber sido, en economía, partidario de los fisiócratas franceses; en Derecho penal un continua­dor de Beccaria y de Filangieri y un apasionado defensor de generosas, pero a ve­ces utópicas, reformas; en Filosofía un con­taminador del «vichismo» con el sensismo de tipo francés. Recordemos también de Pagano: Examen político de toda la legislación de los romanos (1768, v.), Discurso sobre el origen y la naturaleza de la poesía (v.) y Ensayo sobre el gusto y sobre las bellas ar­tes (v.), estas dos últimas publicadas como apéndice a la edición de los Ensayos polí­ticos de 1806.

F. Nicolini