Francesco di Giorgio Martini

Nació en 1439 en Siena, donde murió el mes de noviem­bre de 1501. En él, y por vez primera en la Edad Moderna, aparecen conciliados en los campos teórico y práctico los valores ar­tísticos y técnicos, y ello con una humani­dad y unos alcances que anuncian ya a Leonardo. Sus obras pictóricas revelan in­fluencias del ambiente nativo y de Vecchiet­ta, Girolamo da Cremona, Pollaiolo y Botticelli. Sin embargo, más que en el ámbito de la pintura reveló Martini la riqueza de su personalidad en el de la arquitectura. En 1464 empezó a estudiar en Roma los mo­numentos antiguos; posteriormente amplió sus conocimientos arquitectónicos en el curso de su permanencia en Urbino, junto a los Montefeltro. Allí le fue encargada la traducción de Vitruvio y nació, en la tra­dición de Alberti, el Tratado de arquitec­tura (v.). La actividad teórica influyó neta­mente en la artística, orientada hacia una concepción arquitectónica más y más ro­mana.

Sus obras juveniles (el convento de S. Bernardino y los primeros trabajos reali­zados en el palacio ducal de Urbino) son gráciles y muestran la misma simplicidad que puede observarse en las pinturas de Martini; en las posteriores (las fortalezas de Sassocorvaro, Cagli y S. Leo y la iglesia de S. Ber­nardino en Urbino) se dan, en cambio, estructuras con nueva fuerza plástica y mayor agilidad. Tales características apare­cen reflejadas también en la escultura, en la que el artista sacrificó los elementos decorativos en favor del movimiento y el dramatismo. Este peculiar momento artís­tico fue superado cuando Martini inspiró franca­mente sus creaciones en el arte romano (palacio de la Señoría de Jesi, iglesia del Calcinaio en Cortona, catedral de Urbino y convento de Santa Clara de esta misma ciudad). Dedicóse también a la ingeniería.

P. Rotondi