Nació en 1439 en Siena, donde murió el mes de noviembre de 1501. En él, y por vez primera en la Edad Moderna, aparecen conciliados en los campos teórico y práctico los valores artísticos y técnicos, y ello con una humanidad y unos alcances que anuncian ya a Leonardo. Sus obras pictóricas revelan influencias del ambiente nativo y de Vecchietta, Girolamo da Cremona, Pollaiolo y Botticelli. Sin embargo, más que en el ámbito de la pintura reveló Martini la riqueza de su personalidad en el de la arquitectura. En 1464 empezó a estudiar en Roma los monumentos antiguos; posteriormente amplió sus conocimientos arquitectónicos en el curso de su permanencia en Urbino, junto a los Montefeltro. Allí le fue encargada la traducción de Vitruvio y nació, en la tradición de Alberti, el Tratado de arquitectura (v.). La actividad teórica influyó netamente en la artística, orientada hacia una concepción arquitectónica más y más romana.
Sus obras juveniles (el convento de S. Bernardino y los primeros trabajos realizados en el palacio ducal de Urbino) son gráciles y muestran la misma simplicidad que puede observarse en las pinturas de Martini; en las posteriores (las fortalezas de Sassocorvaro, Cagli y S. Leo y la iglesia de S. Bernardino en Urbino) se dan, en cambio, estructuras con nueva fuerza plástica y mayor agilidad. Tales características aparecen reflejadas también en la escultura, en la que el artista sacrificó los elementos decorativos en favor del movimiento y el dramatismo. Este peculiar momento artístico fue superado cuando Martini inspiró francamente sus creaciones en el arte romano (palacio de la Señoría de Jesi, iglesia del Calcinaio en Cortona, catedral de Urbino y convento de Santa Clara de esta misma ciudad). Dedicóse también a la ingeniería.
P. Rotondi

