Ferdinando Galiani

Nació en Chieti el 2 de diciembre de 1728, murió en Nápoles el 30 de octubre de 1787. Educado en Nápoles por su tío Celestino, compuso ya entre los dieciséis y veinte años una serie de diser­taciones de tema político, económico y arqueológico. La traducción y anotación que hizo del estudio de Locke sobre la moneda, le indujo a profundizar el tema, sobre el que en 1751, con el título De la moneda (v.), publicó un clásico tratado que hizo rápidamente de él uno de los primeros y más originales economistas italianos.

Vuelto a Nápoles después de un viaje de instruc­ción a través de Italia (1751-52), publicó en 1754, por encargo de Bartolomeo Intieri, otro tratado Sulla perfetta conservazione del grano. En 1755 figura entre los funda­dores de la Real Academia Ercolanense. En el mismo- año enviaba, junto con un catá­logo descriptivo, publicado en 1772, una colección de piedras del Vesubio a Bene­dicto XIV, de quien publicaba en 1758 una excelente necrología. Se trasladó a París en 1759 como secretario de la Embajada napo­litana, y no tardó en convertirse en el ben­jamín de los salones literarios más en boga. Amigos fraternos suyos fueron Diderot y Grimm, y sobre todo, la señora d’Epinay, en cuyo salón fueron bosquejados (1765) aque­llos Pensieri su Orazio, reanudados más tar­de con otro método.

Vuelto en 1766 a París, tras un breve permiso disfrutado en Nápoles y después de haber viajado por Holanda e Inglaterra, la emprendió, después de haberlo visto con buenos ojos, con el desmesurado liberalismo económico, al que combatió en los famosos Diálogos sobre el comercio de los granos (v.), publicados en 1770 bajo la dirección de Diderot y de Mme. d’Epinay, y que provocaron alabanzas y críticas igual­mente apasionadas. Un desliz diplomático determinó que se le llamara definitivamente a Nápoles en 1769. Desde esta ciudad man­tuvo copiosa correspondencia con d’Epinay y con los otros amigos franceses, corres­pondencia que es considerada como su obra maestra (v. Cartas). Fue en su patria con­sejero (1769), y más tarde secretario (1770) del Tribunal Supremo de Comercio, y ocu­pó otros importantes puestos de carácter financiero y económico. Es autor del libreto de la comedia Sócrates imaginario (v.), cuya música se debe a Paisiello, y de un tratado gramático-histórico sobre el Dialecto napo­litano (v.).

F. Nicolini