Felip Pedrell

Compositor y musicó­logo catalán. Nació en Tortosa (Bajo Ebro) el 19 de febrero de 1841 y murió en Barcelona el 19 de agosto de 1922. Hizo sus primeros estudios musicales con Antoni Nin, maestro de capilla de la catedral de su ciudad. Sus primeros ensayos fueron un Stabat Mater, algunas danzas para orquesta, melodías y misas. En 1859 hizo su primer viaje a Bar­celona, donde tuvo ocasión de oír ópera, lo que fue un gran estímulo para su vocación. A los treinta años tenía ya escritas más de 120 obras de distintos géneros, entre las que destaca la ópera L’ultimo Abenzarraggio, estrenada en el Teatro del Liceo de Barce­lona el 14 de abril de 1874. De la misma época datan una serie de artículos en la re­vista España musical, así como los opúsculos Apuntes y observaciones sobre estética mu­sical, Gramática musical y la pequeña en­ciclopedia Los problemas del pianista.

Tras el estreno de su segunda ópera, Quasimodo, en el mismo teatro (1875), escribe varias composiciones de música sacra y se tras­lada a Roma pensionado por las Diputacio­nes de Tarragona y Gerona. En 1877 se instala en París, donde escribe la sinfonía El cant de les muntanyes, un Cuarteto de cuerda y el poema lírico II Tasso. Su ópera Cleopatra es premiada en Francfort. A par­tir de 1882 emprende con ardor infatigable diversas publicaciones, que quedan incom­pletas o fracasan por falta de ambiente. Es nombrado catedrático de conjunto vocal del Conservatorio de Madrid e ingresa en la Academia de Bellas Artes. Desde 1896 hasta 1899 publica el boletín mensual La música religiosa en España. En 1898 aparece en Alemania su Folklore musical castillan du XVI siècle. Su actividad como composi­tor y como musicólogo es asombrosa.

En 1902 presencia el estreno en el Liceo de Barcelona de su ópera catalana Els Pirineus, con libreto de Víctor Balaguer. En 1904 pasa de Madrid a Barcelona, donde conti­núa su fecunda obra musical y literaria. En 1910 se traslada a Buenos Aires para asistir al estreno de Los Pirineos en versión castellana. En 1913 termina la publicación de las obras de Victoria, iniciada en 1898 por encargo de una editora de Leipzig. Con Pedrell España tomó conciencia de su pa­sado musical; él señaló a las nuevas gene­raciones un camino de renovación al pre­conizar la fusión de dos elementos que hasta entonces habían parecido antagónicos: la música popular y la música erudita. Fue un experto compositor y un infatigable y sagaz investigador. Albéniz, Granados, Turina, Falla, Millet, Pahissa, etc., siguieron y di­fundieron la gran lección del maestro.