Federigo Tozzi

Nació en Siena el 1.° de enero de 1883 y murió en Roma el 21 de marzo de 1920. Realizó estudios irregulares, y abandonó pronto la idea de practicar el dibujo y la pintura. Su salud era precaria. Empezó a dedicarse a la literatura con indecisas aspiraciones religiosas, inspiradas por el misticismo de las obras de Santa Catalina, e ideales patriótico-nacionalistas procedentes de D’Annunzio. Posteriormente ingresó en el servicio de ferrocarriles, experiencia que dio lugar al diario, aparecido póstumo, Recuerdos de un empleado (1927, v.), en el que manifiesta cómo el abandono de sus propósitos juveniles de vida intelec­tual ayudóle al descubrimiento de los va­lores más auténticos de su vocación de escritor en la confesión inmediata y la autobiografía desprovistas de pretensiones literarias.

Parecida resulta la obra también póstuma Nóvale (1925, v.), repertorio de cartas escritas entre 1906 y 1908 a su futura esposa. Vuelto a Siena a la muerte de su padre, recibió allí la inspiración de sus mayores novelas: Con los ojos cerrados (1919, v.), historia de un joven propietario que asiste a la ruina de su patrimonio y, enamorado de una campesina, se siente in­capaz de declarar su amor, y El cortijo (1921, v.), cuyo protagonista se halla en litigio con sus colonos. Aun cuando Tozzi no obtuvo un verdadero reconocimiento de sus méritos hasta poco antes de su muerte, algunas narraciones y los textos líricos en prosa de Animales (1917, v.) le valieron cierto aprecio, y le permitieron trasladarse a Roma y dedicarse a la narrativa periodís­tica.

Gran éxito consiguió la novela Tres cruces (1920, v.), aparecida en los mismas días de la agonía del autor y considerada por algunos su obra maestra, por cuanto en ella intentó librarse ya de su consabido esquema autobiográfico. La fama de Tozzi ha seguido ampliándose progresivamente. En el resto de su producción destacan los dos tomos póstumos de narraciones El amor y Juan.

F. Giannessi