Eugène Fromentin

Nació en La Rochelle el 24 de noviembre de 1820 y murió en Saint- Maurice el 27 de agosto de 1876. Hijo de un médico acomodado, estudió Leyes en París.

Sin embargo, en el ambiente de la capital revelóse la inclinación de Fromentin a la pintura y a la literatura; ello dio lugar a una pri­mera obra literaria, el extenso poema Sur la peinture moderne. Formóse bajo la guía de mediocres paisajistas, como Rémond y Cabat, y luego, atraído por el mundo orien­tal, entonces de moda en los medios cultu­rales, realizó a los veintidós años un viaje a Oriente y visitó Egipto.

Vuelto a la patria en 1844, partió nuevamente poco después hacia Argelia, donde permaneció durante dos años y reunió gran número de cuadritos y notas de ambiente de una finura de color muy apreciada por los frecuentadores del «Salon», en el cual consiguió un primer premio, tras haber logrado ya un notable éxito en la Exposición de 1847; en 1859 re­cibió la Legión de Honor.

Equivalente lite­rario del coloreado mundo exótico de sus cuadros son los dos libros de viaje, ilustra­dos y publicados por Fromentin respectivamente en los años 1857 y 1858, Un été dans le Sahara y Une année dans le Sahel, llenos de sus recuerdos y de sus impresiones orientales y africanas, y merecedores de los elogios y la amistad de Sainte-Beuve y George Sand. Aun cuando no escribiera tanto como pin­tó, es posible que en la forma literaria encontrara su mejor expresión.

Su actitud espiritual, de crítico sutil y lúcido más bien que de creador, quedó expresada en la inte­resante novela Dominique (v.), de alto va­lor psicológico, narración del pudor, de la pasión contrariada y de las almas heridas encadenadas por el deber. De otro lado, la conciencia de la creación dolorosa y difícil le ilumina en la investigación de la indivi­dualidad artística llevada a cabo en Maes­tros de antaño (v.), también libro de viajes, en el que, sin ninguna limitación sistemá­tica, estudia las personalidades más impor­tantes de la pintura belga y holandesa.

No­tables resultan asimismo sus obras Visites artistiques (1852) y Simples pèlerinages (1856), en las que se advierten la misma y certera penetración crítica y una idéntica moderación en el juicio.

A. Pallucchini