Esteban de Arteaga

Nacido el 26 de di­ciembre de 1747 en Madrid o en Moraleja de Coca (Segovia), m. el 30 de octubre de 1799 en París.

Ocupa un puesto señalado en la historia de la crítica y de los tratados sobre el melodrama del siglo XVIII, aun­que no se limitó a este tema su actividad de investigador erudito y sutil. Miembro ya de la Compañía de Jesús, se trasladó a Ita­lia, y allí abandonó la Orden (1769). En 1773-78 estudió filosofía, matemáticas y me­dicina en la Universidad de Bolonia.

En aquellos años entró en relación con el pa­dre Martini, quien le abrió su biblioteca, facilitándole la preparación de su obra Re­voluciones del teatro musical italiano desde sus orígenes hasta nuestros días (v.). El primer volumen le valió muchos plácemes y su entrada como preceptor en casa del marqués Francesco Albergati Capacelli, en la que apenas permaneció un año, ya que las Osservazioni a carico della letteratura italiana, que en aquel tiempo publicó en el volumen de Matteo Borsa Del gusto presente in letteratura italiana (1785), mereció la reprobación del marqués.

Reacciones contra­dictorias desataron también en Italia los dos últimos volúmenes de las Revoluciones, por sus ataques a las figuras de la época. Con­secuencia de ello fue una viva polémica con el compositor V. Manfredini, que defen­día la tradición de la ópera, y un libelo de Ranieri de Calzabigi, atacado como libre­tista por Arteaga Al terminar el año 1786, se tras­ladó a Roma, donde gozó de la protección de José Nicolás de Azara, embajador de España.

Esta ayuda le permitió acercarse al cenáculo neoclásico de Winckelmann, Mengs y Canova, y de ellos recibió proba­blemente asunto y estímulo para las Inves­tigaciones filosóficas sobre la belleza ideal, considerada como objeto de todas las artes de imitación (v.), que apareció en Madrid en 1789.

Siempre durante su estancia en Roma, prolongada a lo largo de más de un decenio, dirigió ediciones de Horacio, Catulo, Tibulo y Propercio y escribió el opúsculo Dell’influenza degli Arabi sull’origine della poesia moderna in Europa (Roma, 1791), contra la tesis sostenida por algunos sobre el origen árabe de la poesía provenzal. Cuando Azara fue trasladado a París en el año 1798, Arteaga le acompañó.

Pero al cabo de poco tiempo murió. Recientemente, se han encontrado en archivos españoles dos tra­bajos que probablemente la muerte le im­pidió terminar: Lettere músico-filologiche y Del ritmo sonoro e del ritmo muto nella música degli antichi; constituyen una prue­ba más de su doctrina, practicada en las Lettere para aclarar algunos términos musi­cales de la Poética de Aristóteles.

E. Zanetti