Nació en Nelson (Nueva Zelanda) el 30 de agosto de 1871 y murió en Cambridge el 20 de noviembre de 1937. Es una de las figuras más importantes del tránsito de uno a otro siglos; inició y realizó investigaciones nuevas y defendió concepciones fundamentales y originales en el campo de la Física. Doctorado en esta disciplina en su isla natal, marchó luego a Inglaterra, y fue discípulo de J. J. Thomson en el Trinity College de Cambridge Posteriormente enseñó en Montréal (desde 1898) y Manchester (a partir de 1907); luego actuó como profesor en Cambridge, y más tarde en Londres. Cuando empezó a estudiar con Thomson éste se dedicaba a las investigaciones referentes al paso de la electricidad a través de los gases, e iba comprobando experimentalmente la existencia del fenómeno de la ionización gaseosa, o sea de la presencia de partículas cargadas de electricidad (iones) en los gases. A causa de la orientación de tales estudios Rutherford sintióse atraído particularmente por las manifestaciones características de un fenómeno entonces descubierto: el de la radiactividad, que, precisamente, provocaba la conductividad en el aire al cual, por ende, ionizaba.
Gracias a su habilidad experimental, Rutherford, junto con Soddy intuyó que el proceso radiactivo consiste sobre todo en la emanación de partículas ionizantes por los átomos que poseen tal propiedad. Ello daba origen a una de las concepciones fundamentales de la física experimental moderna. Rutherford logró demostrar que el proceso radiactivo coincide, en último término, con uno de transformación del átomo; de las partículas o radiaciones que éste emite procede, por lo tanto, cualquier proceso de ionización producido por una sustancia radiactiva. Llegado a este importante resultado, o sea a la comprobación de que la manifestación provocada por un átomo radiactivo representa su transformación, y una vez definida la naturaleza diversa de las radiaciones emitidas por los cuerpos radiactivos (rayas alfa, beta y gamma), continuó su atenta investigación sobre la constitución completa del átomo, y procuró ofrecer una estructura atómica que pudiera satisfacer los datos experimentales. En oposición a una concepción de Thomson respecto del átomo intuyó que éste debía de tener una constitución de tipo planetario: lo consideró integrado por un núcleo central, donde, en un espacio muy reducido, se hallaba condensada toda la carga positiva y, prácticamente, el conjunto de la masa del átomo; en torno a este núcleo debían de gravitar electrones negativos.
Logró demostrar experimentalmente este criterio mediante el empleo de las partículas emitidas por los átomos radiactivos, con lo cual estableció la teoría del átomo planetario, que tendría una decisiva importancia en el progreso de la ciencia. Rutherford dedicó la última parte de su vida a una serie de experiencias que habrían de confirmar su teoría de la estructura atómica y abrirían luego nuevos campos de investigación: utilizando partículas de gran energía, y bombardeando oportunamente los átomos, logró obtener la escisión de éstos y, así, realizar, antes que nadie, el sueño de los alquimistas, o sea la transformación de la materia. Siempre en vanguardia de las investigaciones experimentales, durante los postreros años de su existencia Rutherford se ocupó — y también indujo a ello a sus discípulos — de los problemas relacionados con la aceleración de los iones, para obtener precisamente la transformación de la materia. Expuso los resultados de sus estudios en las obras Radiactividad (1904, v.), Radioactiva Substances and their Radiations (1912) y The Nenver Alchemy (1937). Su labor científica alcanzó notables reconocimientos; baste recordar la concesión del título de lord y la excepcional obtención de dos premios Nobel, en 1918 y 1923. Los restos de Rutherford se hallan en la Westminster Abbey, junto con los de otros físicos ingleses ilustres.
A. Carrelli

