Edouard Schuré

Nació en Estrasburgo el 21 de enero de 1841 y murió en París el 7 de abril de 1929. Ardiente defensor de las teorías wagnerianas y aficionado al estudio de las doctrinas místicas, ha dejado una autobiografía ideal, Le rêve d’une vie (1928), en la que interpreta el conjunto de su existencia de hombre y escritor en un sentido esotérico. Su producción, efectiva­mente, se basa en una inspiración única misticolírica, la cual se da tanto en los ensayos dedicados a la música — Histoire du drame musical (1875), Ricardo Wagner su obra, su idea (1876, v.) — como en los volú­menes Los grandes iniciados (1889, v.), Sanctuaires d’Orient (1898) y L’évolution divine du Sphinx au Christ (1912), que intentan demostrar con una evidencia fan­tástica la unidad del espíritu religioso en la^ multiplicidad de los mitos. A ello cabe añadir las novelas, las composiciones líricas, los dramas Théâtre de l’âme (1900-05), los ensayos sobre las mujeres inspiradoras y acerca del Renacimiento, y los dedicados al estudio del alma primitiva francesa, Les grandes légendes de France (1892) y L’âme celtique et le génie de la France (1921).

La biografía real de S,, por lo demás, no puede separarse de su idealismo místico, por lo menos en sus rasgos más acusados; y así, por ejemplo, cuando llegó, todavía muy joven, a Alemania para preparar allí una historia de la poesía popular y del lirismo alemanes (publicada luego en París en 1868 bajo el título Histoire du Lied), estableció contacto, en el curso de la pri­mera representación de Tristán e Isolda (v.), a la que asistió en Munich en 1865 y du­rante la cual conoció a Wagner, con la magia oculta de la orquesta wagneriana. Otro caso por el estilo ocurrióle en su permanencia en Italia (1871-73), donde se enamoró de una bella mujer aficionada a las ciencias ocultas, Margarita Albana, griega de naci­miento que había vivido en la India y se estableciera en Florencia; este gran amor animó toda la producción de Schuré, incluso la posterior a la muerte de la inspiradora, ocu­rrida en 1887. Schuré halló su inspiración final en los viajes a Oriente — cuna de sus ideas — emprendidos tras el fallecimiento de su amiga al grito «Ex Oriente Lux!».

L. Herling Croce