Heinrich Schütz

Nació en Köstritz (Sajo­rna) el 8 de octubre de 1585 y murió en Dresde el 6 de noviembre de 1672. Era hijo de un mesonero que se trasladó en 1591 a Weissenfels. En 1599 ingresó como corista en la capilla del landgrave Mauricio de Hesse- Cassel, y por voluntad de la familia matriculóse en 1609 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Marburgo. El landgrave, vista su inclinación a la música, le asignó el año siguiente una pensión de dos­cientos táleros que le permitió trasladarse a Venecia para estudiar con Giovanni Ga­briel. La personalidad de este último impre­sionó al joven Schütz, que al principio sintióse anonadado ante la grandeza del maestro; muy pronto, empero, supo obtener un inme­jorable fruto de las lecciones del veneciano, y ya en 1611 pudo enviar al generoso landgrave la primera muestra de su aprovecha­miento: un libro con dieciocho madrigales a cinco voces y un diálogo a ocho. La muerte de Gabrieli (1612) indújole a volver a la patria (1613), donde reanudó el estudio del Derecho. Pero el landgrave lo quiso junto a sí como organista, y luego, muy a pesar suyo, lo cedió temporalmente a la capilla del Elector de Sajonia (1615).

El músico acabó por establecerse de una ma­nera fija en Dresde como director de tal capilla, que reorganizó de acuerdo con los sistemas aprendidos en Italia. Por aquel entonces publicó, entre otras composiciones, los Salmos de David (1619), para voces e instrumentos y varios coros, según el estilo veneciano, y la Historia de la Resurrección (1623); se trata de obras en las que la es­tructura monódica (solos y continuo) apa­rece mezclada con la propia de los motetes (coro y orquesta), en un conjunto de ex­traordinaria eficacia narrativa y dramática. Siguieron las Cantiones sacrae, cuarenta y un motetes a cuatro voces con bajo continuo (1625); aquí la expresión del madrigal dra­mático y el «.estilo concertado» quedan in­troducidos en la construcción polifónica típica de este género de composiciones, junto con líneas melódicas tensas y variadas. En 1627 Schütz puso música a Dafne, de Rinuccini, traducida al alemán por Martin Opitz; esta partitura se ha perdido.

Luego de haber trabajado largo tiempo en la armonización del Salterio en la traducción alemana de Bekker (obra no terminada hasta 1661), marchó nuevamente a Venecia por cuenta propia «para ampliar su experiencia» (1628); allí advirtió que «la forma de composición había variado algo» y pudo admirar a Monteverdi. En Venecia también publicó la pri­mera parte de las Symphoniae sacrae (1629), en la que voces e instrumentos aparecen tratados como solistas; otras características de tal producción son el cuidado particular concedido a la estructura instrumental y a la expresión dramática, la elección de los instrumentos destinada a la consecución de efectos de timbre vinculados a la significa­ción del canto y con intenciones narrativas y descriptivas, y la amplitud del plan y la construcción a veces dispuesta en varias partes, lo cual hace de estas composiciones verdaderas «cantatas». Vuelto a Dresde (1630), hallóse muy pronto en la zona afec­tada por la guerra de los Treinta Años.

Herido en sus afectos familiares, consiguió abandonar la ciudad y se trasladó a Dina­marca, a donde fuera invitado por Cristián IV. Entre 1633 y 1644 estuvo en las cortes de Copenhague, Hannover y Dresde; no obstante, permaneció siempre nominal­mente al servicio de esta última. En 1636 aparecieron en Dresde las Musicalische Exequien, precedidas y seguidas por dos libros de Pequeños conciertos sacros [Kleine geistliche Konzerte, 1636 y 1639]; aquéllas fueron compuestas para voces solas, y éstos para voz y continuo. Instalado otra vez, y definitivamente, en Dresde, intentó en vano reorganizar la capilla del Elector, incluso mediante aportaciones económicas propias. A 1645 pertenecen las Siete palabras de Je­sucristo en la cruz, una de las obras más inspiradas de Schütz, que en ella alterna y com­plementa libre y recíprocamente los estilos polifónico, monódico y concertado. De 1647 es la publicación de la segunda parte de las Symphoniae sacrae, con el texto en alemán y no en latín; en 1648 aparecieron los Musí- eolia ad chorunsacrum.

La tercera parte de las Symphoniae sacrae (1650) señala, en cambio, un retorno al estilo italiano. Luego de haber pedido vanamente y a lo largo de varios años el relevo del cargo de director de la capilla del Elector, Schütz logró, al fin obtener la correspondiente licencia (1656); no perdía, empero, el título, y quedaba obligado a prestar servicio de vez en cuan­do. Cansado, retiróse a vivir a Weissenfels, junto a su hermana; empezaba a afligirle una sordera que andando el tiempo habría de agravarse. Ello no le impidió, sin em­bargo, componer algunas de sus principales obras maestras: la Historia del nacimiento de Jesucristo, publicada en Dresde en 1664, las cuatro Pasiones (v.), y el Deutsches Magníficat (1671), para doble coro a ocho voces; estas dos últimas producciones per­manecieron inéditas. Se trata de composi­ciones de una inspiración muy elevada, que agrupan una extremada variedad de ele­mentos solistas, instrumentales y corales, en una descripción animada y rica, a través de un estilo sobrio. Schütz falleció serenamente a los ochenta y siete años; antes de morir quiso dictar el tema que habría de ser desarrollado en su elogio fúnebre.

C. Marinelli