Edgar Quinet

Nació en Bourg-en-Bresse (departamento del Ain) el 7 de febrero de 1803, murió en París el 27 de marzo de 1875. Se crió en el campo bajo el cuidado de su madre, protestante, que ejerció una nota­ble influencia sobre su formación moral e intelectual; tras un breve pasado en el co­legio, abandonó los estudios regulares y, poco después, un empleo bancario, para dedicarse de un modo libre a los estudios históricos y jurídicos. Ejercieron decisiva influencia sobre la orientación del joven Quinet la lectura de Chateaubriand (v.) y de Herder, del último de los cuales tradujo y publicó (1825), acompañados de tin prólogo, las Ideas sobre la filosofía de la historia de la humanidad (v.). La obra, elogiada por Goethe, y honorablemente comentada por Cousin (v.), hizo popular el nombre del joven estudioso. Se dedicó después a inves­tigaciones y viajes por Alemania (1827), Grecia (1828-30) e Italia (1833), cuyo re­lato publicó Quinet en numerosos artículos en la Revue de Deux Mondes y en Alemania e Italia (1839, v.).

En 1833 había contraido matrimonio en Alemania con Mina Moret. En 1839 fue llamado a desempeñar la cáte­dra de Literaturas extranjeras en la Aca­demia de Lyon y, dos años después, la de Literaturas meridionales en el Collège de France de París, creada ex profeso para él. Desde la cátedra, y junto a Michelet (v.), inició Quinet aquella tempestuosa carrera de propagandista de las ideas democráticas y liberales que hizo de sus cursos una batalla continua y que en 1846, a consecuencia de su polémica anti jesuítica y antiultramon­tana, indujo a Guizot a destituirlo. Tomó parte activa en la revolución de 1848, y fue reintegrado en su cátedra, pero su vigorosa diatriba contra Napoleón III determinó su expulsión de Francia (1852). Desde este año hasta 1870 vivió en Bruselas y en Suiza, regresando a París el 4 de septiembre de 1870, para tomar parte en los movidos epi­sodios del sitio y de la Commune; en 1871 fue elegido diputado del Sena para la Asam­blea Nacional.

Escritor brillante y vigoroso, Quinet fue uno de los más ilustres exponentes de aquella historiografía doctrinaria y revo­lucionaria, en la que la pasión política se presentaba íntimamente compenetrada con la dedicación a la historia y a la filosofía (de base hegeliana) que determina también su metodología; y en este sentido, y dentro de estos límites, ha dejado algunas obras de notable vigor histórico – constructivo o de síntesis histórico-ideológica y de actualidad política, como, además de las citadas, Las revoluciones de Italia (1848-52, v.), Histo­ria de mis ideas (1858, v.), Filosofía de la historia de Francia (1858, v.), La Revolu­ción (1865, v.), France et Italie (1867), La cuestión romana ante la Historia (1867, v.), etcétera. Una colección completa de los tra­bajos de Quinet fue publicada postumamente (1877-82), preparada por su segunda esposa.

E. Cassa Salvi