Diego García de Paredes

Capitán español. Nació en Trujillo (Extremadura) en 1466, murió en Bolonia en 1530. Hombre de gran estatura y de fuerza hercúlea a quien llamaron «Sansón de Extremadura», «Hér­cules de España» y «Bayardo español». Ado­lescente aún, acompañó a su padre en algu­nas campañas contra los portugueses y más tarde contra los musulmanes.

Amigo de Gonzalo de Córdoba (el «Gran Capitán»), fue armado caballero por Fernando V. Se trasladó luego a Roma, donde Alejandro VI, su pariente, le confió un mando de la guar­dia pontificia. Luchó en el partido de los Borgia y luego participó en diversas cam­pañas en Italia, a las órdenes del «Gran Ca­pitán». En guerra contra los turcos dio prue­bas de temerario valor. En 1501 volvió a servir al Papa y luchó contra los franceses. G. de P. tomó parte en el desafío de once caballeros franceses contra igual número de españoles en el que realizó extraordinarias proezas. Peleó en Seminara, Ceriñola y Castello Nuovo (1503). En el puente de Garellano combatió solo contra gran número de franceses y luego, ayudado por algunos sol­dados, avanzó y destruyó la batería que defendía el puente, después de causar más de cuatrocientas bajas al enemigo. En 1508 fue enviado en auxilio del emperador Maxi­miliano y en lucha contra los venecianos ayudó a la conquista de Verona, Vicencia y Trevisa.

Acompañó a Carlos V en sus pri­meras campañas y se cubrió de gloria en Pavía (1525). Asistió a las fiestas de la doble coronación de Carlos V en Bolonia (1530), donde fue creado caballero de la Espuela de Oro. Allí encontró la muerte poco des­pués, de resultas de una caída de caballo. En 1584, al final de la Crónica del Gran Capitán fue impresa la Breve suma de la vida y hechos de Diego García de Paredes (v.) con la indicación de que «él mismo la escribió». Pero las numerosas e importantes inexactitudes, errores y omisiones que con­tiene esta supuesta autobiografía hicieron suponer a Menéndez Pelayo que la obra había sido «corrompida e interpolada». Su estilo es sencillo, sin la menor preocupa­ción literaria, y al final el autor la lega a su hijo Sancho para que tome ejemplo de ella.