Bras de Garcia de Mascarenhas

Nació el 19 de febrero de 1596 en Avó (Beira Alta), murió en la misma ciudad el 8 de agos­to de 1656. Tras una infancia relativamente tranquila en la ciudad natal y después de haber estudiado, pero sin licenciarse, Dere­cho canónico en la Universidad de Coimbra, fue encarcelado en 1616 por haber he­rido gravemente en un duelo a un compa­ñero.

Consiguió evadirse y refugiarse en España, y peregrinó más tarde por Francia, Italia y Flandes, llegando luego al Brasil, donde residía, en 1623, en Olinda. Tomó allí parte activa en la guerra contra los holan­deses y obtuvo por sus servicios el grado de alférez. En 1630 estaba ya de regreso en Avó, donde permaneció hasta el estallido de la revolución en 1640. Organizó entonces un famoso batallón de voluntarios que se llamó «Compañía de los leones de Beira» y, con el grado de capitán de Infantería, dirigió varias acciones victoriosas en favor de la causa de la Restauración. Desempeñó varias misiones delicadas, como la de vol­ver a poner en estado de defensa la plaza fortificada de Almeida, y le fue confiado después el mando de la plaza de Alfaiate, llave de la defensa de Beira. Sin embargo, en 1642, el comandante general de la región, don Sancho Manuel, lo hizo arrestar acu­sándolo de traición en favor de los espa­ñoles.

Aprisionado en el castillo de Sabugal y no pudiendo obtener tinta para escribir, pidió un libro (el Flos Sanctorum), unas tijeras y harina, y redactó, recortando las letras y pegándolas sobre un folio blanco, un memorial en verso que logró hacer lle­gar al rey don Juan IV, el cual, recono­ciendo su inocencia y sus méritos, ordenó que fuera libertado y lo reintegró en el cargo de Gobernador militar de Alfaiate, concediéndole, además, el ingreso en la Or­den de Avís. En 1645, habiéndose casado, se retiró G. a la vida privada en Avó y allí vivió tranquilo sus últimos años, ca­zando y pescando en la buena estación y escribiendo durante el invierno. No obs­tante, no publicó nada en vida, y parece que muchos de sus escritos se han perdido. Después de su muerte, por iniciativa de B. Madeira de Castro, caballero de la Orden de Cristo y capitán mayor de Avó, vio la luz el poema Viriato trágico (v.), al que ha quedado vinculado literariamente el nom­bre de G. de M.

L. Panarese