Diego de Torres y Villarroel

Nació en 1693 en Salamanca, donde murió el 19 de junio de 1770. Literato, poeta, matemático y astrólogo, fue una de las figuras más sin­gulares de la España del siglo XVIII; su Vida (v.), en la cual narra su pasado, puede considerarse, a pesar de las evidentes defor­maciones de sabor literario, un caso real de la picaresca. Era hijo de un librero, y estudió gramática latina con el humanista don Juan González de Dios. Hacia los quin­ce años obtuvo en un concurso público una beca para el colegio de Trilingüe, donde permaneció de 1709 a 1713, con muy poco provecho intelectual, y entregado más bien a la satisfacción de sus instintos anárquicos.

Abandonados los estudios, que hubieran re­sultado fundamentales para su formación humanística, dedicóse a lecturas de todo género, sin plan determinado alguno; mien­tras tanto, continuaba su vida de ocio y desorden. Deseoso de libertad, huyó en 1713 a Portugal, y después de haberse hecho pa­sar por médico en Coimbra, actuó, sucesi­vamente, como bailarín, guitarrista, titiri­tero y militar. Desertor, ingresó en una cuadrilla de toreros, y volvió con ellos a la patria. De nuevo en el seno de la fami­lia, se dedicó al estudio de las Matemáticas y la Física, siquiera todavía sin un método ordenado, y compuso pronósticos o alma­naques, publicados anualmente bajo el seu­dónimo de «El Gran Piscator Salmantino».

En 1715, y para disfrutar de los beneficios de una capellanía, recibió el subdiaconado. Luego trabajó como bordador en Madrid; más tarde actuó en calidad de exorcista de espíritus y brujas, y complicó en sus em­brollos, entre otros, a la condesa de Arcos, que le tuvo en su casa durante dos años. Participó en concursos públicos, fue encar­celado, absuelto y nombrado vicerrector, y, finalmente, obtuvo en 1726 la cátedra de Matemáticas de la Universidad salmantina. En 1745, a los cincuenta y dos años, fue ordenado sacerdote. Vivió de preferencia en Salamanca y Madrid, y estuvo protegido por los duques de Alba, de quienes llegó a administrador, y en cuyo amparo perma­neció hasta el fin de sus días.

La crítica, empero, ha visto, en muchos de los episo­dios juveniles relatados en la Vida, meras ficciones picarescas; por lo demás, el mismo cinismo con que el autor se manifiesta y acusa reconoce un origen netamente litera­rio. El modelo literario de Torres Villarroel es Que- vedo, a quien imitó de una manera más abierta en los Sueños morales (1743). Entre las numerosas obras restantes que escribió en los intervalos de sus aventuras cabe mencionar Los desahuciados del mundo y de la gloria (1736-1737), Juguetes de Talía (1738), Anatomía de lo visible y de lo invisible en ambas esferas (1738), El ermi­taño y Torres, Recetas de Torres, añadidas a los remedios de cualquier fortuna, El sa­cudimiento de mentecatos habidos y por haber, El gallo español, Vida de la vene­rable madre Gregoria de Santa Teresa, La vida natural y católica, y numerosos tomos de Pronósticos, en los cuales predijo la muerte de Luis I, el motín madrileño con­tra Esquilache, la Revolución francesa, etc. También escribió Poesías (v.) de carácter satírico con influencias de Quevedo y Góngora.

G. Bellini