Hija de emigrantes italianos, n. en Montevideo en 1886 y m Trágicamente en 1914. Su imaginación y su Temperamento lírico desbordaban de ella; tuvo prisa en concretar sus ansias y deseos, y se casó con un hombre de negocios, quien, tras un período de separación, la mató y se suicidó después.
Su vida y su obra son un grito modernista con ecos románticos, un gesto de violencia contra una realidad decepcionante. Su tragedia tiene una significación profundamente humana: un mundo interior de fantasía le exigió realidades que no estaban al alcance de la mujer ni de la artista, y la prematura muerte quebró un contraste que no era más que una constante motivación poética.
Su libro Los cálices vacíos (v.), publicado en 1913, recoge una selección de los dos anteriores: El libro blanco (1907) y Cantos de la mañana (1910). Otras composiciones suyas figuran en el volumen póstumo Los astros del abismo.
Descendiente lírica de D’Annunzio por su sangre italiana y de Rubén Darío por su nacimiento y su lengua, nuestra poetisa no supo o no pudo desviar su alma por caminos de misticismo que hubieran podido sublimar en el campo religioso sus incontenibles impulsos sensuales.
Con todo, su obsesión erótica, sin velos ni tapujos, adquiere indudable jerarquía literaria al pasar por la pluma idealizadora de la artista; porque, al fin y al cabo, habría que preguntarse dónde estaban los límites de su realidad erótica y de su erotismo fantástico. Sus Obras completas se publicaron en Montevideo en 1924, con prólogo de Alberto Zum Felde.
J. Sapiña

