Dario Niccodemi

Nació en Liorna el 27 de enero de 1874, murió en Roma el 24 de sep­tiembre de 1934. Pasó la infancia y la adolescencia en Buenos Aires, ocupándose muy pronto de crónicas teatrales en diarios ar­gentinos y escribiendo también dos come­dias en castellano. Habiendo conocido en una «tournée», en 1900, a la actriz parisiense Réjane, la siguió a París como secretario suyo, traduciendo y adaptando para la ac­triz obras italianas. De este aprendizaje ha­bía de nacer el autor que ya en Aigrette (1912) se presenta con una técnica ducha en todos los secretos del planteamiento es­cénico y del desarrollo teatral. Las come­dias de Niccodemi, no muy dotadas de contenido poético, se desenvuelven siempre en el cli­ma del «drama burgués», entre lo senti­mental, lo alegre y lo irónico. Niccodemi ambienta en este clima a sus personajes, extraídos de la sociedad de principios de siglo, sati­rizándolos superficialmente.

No obstante, comedias como La sombra (1915, v.), Re­tazo (1916, v.), La enemiga (1916, v.), Ti­tano (1917), La maestrina (1918), El alba, el día, la noche (1921, v.), tríptico de dos personajes solamente, conservan todavía su popularidad y poseen méritos intrínsecos, aunque no profundos. En 1921 fundó una compañía teatral, cuyos actores principales fueron Cimara y la Yergani, que ha sido quizá la mejor que ha tenido Italia en tiem­pos recientes. Entre las demás obras de Niccodemi dignas de mención figuran las comedias Prete Pero (1918) y Acidalia (v.), farsa a la moda de su tiempo; dos novelas: II ro­manzo di Scampolo (1917) y Morte in mas­chera (1920); dos libretos de ópera. Scampolo, con música de Camussi, y Ghibellina, con música de Bianchi, y tres volúmenes de obras en un acto, titulados Teatrino (Milán, 1922), en tanto que los últimos tra­bajos, La casa segreta (1923), La Madonna (1927) e II principe (1929), que habrían de­bido significar la búsqueda de una teatra­lidad menos artificiosa, confirman lo que hay de pobre, artísticamente, en el teatro de este autor.

G. Crespi Legorino