Claudio Monteverdi

Nació en mayo (bau­tizado el 15) de 1567 en Cremona, murió el 29 de noviembre de 1643 en Venecia. Monteverdi representa ante todo la cumbre artística del llamado estilo recitativo de la primera par­te del siglo XVII en Italia, desarrollado en una compleja y elevada forma de drama musical; y en general puede llamársele una de las más profundas voces musicales de aquel siglo. Hijo de un médico, realizó estudios filosófico-literarios en su ciudad natal y recibió probablemente la primera educación musical en la capilla de la cate- tal de Cremona; él mismo atestigua haber sido discípulo de Marc’Antonio Ingegneri, maestro de capilla de aquella catedral. Aún no había cumplido Monteverdi los dieciséis años cuando daba a la imprenta un libro de Sacrae cantiunculae a tres voces (1582); en los años siguientes publicó Madrigali spirituali y Canzonette, acrecentó su prepara­ción musical y se ejercitó en el canto y en la viola (en cuyo instrumento fue uno de los mejores ejecutantes de Cremona), después de lo cual publicó el primer libro de Madrigales (v.) a cinco voces (1587).

Antes de 1590 hizo una breve visita a Mi­lán, donde dio pruebas de su habilidad como tocador de viola en casa del aficio­nado Riccardi, al que dedicó después el segundo libro de Madrigali (1590), y a con­tinuación pudo introducirse en la corte de los Gonzaga, donde fue acogido en el mis­mo año de 1590 por el duque Vincenzo, en calidad de tocador de viola y de cantor. Era aquella una corte en la que florecía la vida musical,, a la que conferían prestigio los nombres de Jacques de Wert y de los italianos Gian Giacomo Gastoldi y Benedetto Fallavicini: allí desarrolló Monteverdi una actividad muy intensa, que duró hasta 1612. Poco después de su llegada a Mantua con­trajo matrimonio con Claudia Cattaneo, hija de uno de los músicos de viola del du­que, de la que tendría dos hijos que envió después a estudiar a Bolonia. En 1596 acom­pañó Monteverdi al duque a Hungría, en la expe­dición militar en ayuda del archiduque Rodolfo contra los turcos: dos años después, acompañó también al duque en un viaje a Flandes, donde es seguro que conoció las nuevas corrientes del arte musical francés.

Mientras tanto, su producción se enriqueció con otros libros de madrigales: publicó un tercero en 1592, un cuarto en 1603, un quin­to en 1605, todos a cinco voces: la dedi­catoria del último, al duque Vincenzo Gon­zaga, está escrita en Venecia: allí refuta Monteverdi los ataques de Artusi (v. Artusi o las imperfecciones de la música moderna) y anuncia un trabajo teórico propio, Seconda Pratica, ovvero Perfettione della moder­na música, que no llegó a ver la luz, aun­que Monteverdi se dedicó a él hasta los últimos años de su vida. 1607 es el año de la pu­blicación de los Scherzi musicali a tres vo­ces, que habían sido compuestos desde 1599 y, lo que es más importante, aquel año fue el de la aparición de su primer trabajo melodramático, Orfeo, representado en el Carnaval en la Academia de los «Invaghiti» de Mantua y repetido poco después en el teatro de la corte. En el mismo año pierde Monteverdi a su esposa. En 1608 se ejecutó en la corte ducal su segunda ópera melodramá­tica, Arianna, de la que sólo nos ha lle­gado el gran Lamento (v. Ariadna) y el Bai­le de las ingratas (v.), después de lo cual, Monteverdi se retiró a Cremona» donde permaneció cuatro meses.

Volvió luego a la corte de Mantua, y de allí, en 1609, de nuevo a Cre­mona; en 1610 hizo un viaje a Roma para presentar al Papa una colección de frag­mentos sacros Sanctissimae Virginis missa senis vocibus ac vesperae pluribus decantandae cum nonnullis sacris concentibus, publicada en Venecia el mismo año, con dedicatoria al papa Paulo V, y admitida en los libros corales de la Sixtina. La So­nata sobre «Sancta Maria» (v.), incluida en la recopilación, presenta uno de los prime­ros ejemplos de composición sinfónica. En 1612, muerto el duque Vincenzo, abandonó Monteverdi la corte de Mantua, permaneció en Cre­mona y luego en Milán, y se estableció al año siguiente en Venecia, nombrado el 19 de agosto maestro de capilla en la basílica de San Marcos, en cuyo puesto había de mantenerse hasta su muerte. En 1614 pu­blicó el Sesto libro de Madrigali a cinque voci con un Dialogo a sette, con il suo basso continuo per poterli concertare nel clavicembalo, et altri stromenti. En 1615 entró de nuevo en relación con los Gon­zaga, para los que compuso el ballet Tirsi e Clori, y dos años después, en colabora­ción con otros, intermedios para el drama sacro La Maddalena de G. B. Andreini; en 1617 compuso también para la corte de Parma los intermedios a los Amori di Diana e di Endimione, y se preparó para la com­posición de una ópera, Andrómeda, que quedó, sin embargo, incompleta.

En 1619 hizo un viaje a Bolonia; de regreso a Venecia compuso la ópera Il lamento di Apo­llo, y publicó el Settimo libro di Madrigali a 1, 2, 3, 4 et sei voci, con altri generi di canti (incluyó también en él el ya citado ballet Tirsi e Clori), que dedicó a la Casa Gonzaga. En 1621 compuso otros Intermedi para la corte de Mantua. En 1624 creó una de sus óperas más importantes El combate de Tancredo y Florinda (v.), ejecutada en Venecia en Casa Mocénigo, y posteriormen­te incluida en el último libro de madrigales. En 1627 compuso, con libreto de Striggio, la ópera La finta pazza Licori, para la corte de Mantua, y eligió como intérprete de ella a Margherita Basile; en el mismo año aten­dió a otros trabajos, entre los cuales la composición de una Armida, y trató de obtener una canonjía en Cremona. En 1628 fue visitado por el gran músico alemán Enrique Schütz. En aquellos años compuso otras óperas que tampoco han llegado hasta nosotros: Proserpina rapita, Delia e Ulisse. En 1632 publicó además la colección Scherzi musicali, cioè Arie e Madrigali in stil reci­tativo, con una Ciaccona a 1 e 2 voci.

Se dedicaba entretanto al trabajo teòrico Se­conda Pratica al que se ha aludido antes. En 1638 se publicó el octavo y último libro de madrigales, con el título Madrigali gue­rrieri et amorosi con alcuni opuscoli in ge­nere rappresentativo, che saranno per brevi episodi fra i canti senza gesto, que dedicó al emperador Fernando III; se encuentran in­cluidos en él el Combattimento di Tancredi e Clorinda y el Ballo delle ingrate. Al año siguiente apareció su nueva ópera Adone (v. Adonis) en el teatro veneciano de los Stos. Juan y Pablo (a recordar que los primeros teatros para música fueron abiertos en Venecia en este período); en 1640 se pu­blicó la última recopilación preparada por él mismo, la Selva morale e spirituale, de­dicada a Eleonora Gonzaga. En los dos años siguientes se representaron en teatros vene­cianos las tres últimas óperas: Le nozze di Enea con Lavinia, el Regreso de Ulises a su patria (v. Ulises) y La coronación de Popea (v.); hay que hacer observar que las dos últimas son, juntamente con Orfeo y el Lamento di Arianna, las únicas com­posiciones teatrales de Monteverdi que han llegado hasta nosotros. En 1643, ya viejo y cansado, pidió un permiso de seis meses durante los cuales visitó una vez más su ciudad natal: vuelto a Venecia, allí murió poco después a consecuencia de una breve en­fermedad. Póstumas aparecieron las dos últimas recopilaciones: Messa a quattro voçi et salmi a una, due, tre, quattro, cinque, sei, set- te et otto voci concertati, e parte da capella, et con le Letanie délia B. V. (6150) y Madrigali e canzonette a due, e tre voci (1651).

F. Fano