Charles-Joseph, príncipe de Ligne

Nació en Bruselas (entonces bajo el dominio austría­co) el 23 de mayo de 1735 y murió en Viena el 13 de diciembre de 1814. Pasó la infancia en el Henao, en el castillo familiar de Beloeil, y luego se alistó en el ejército impe­rial de Austria. Alcanzada notable gloria durante las guerras de los Siete Años y de la sucesión al trono de Baviera, llegó a general y consejero de José II. Viajó larga­mente por Inglaterra, Alemania y Suiza, frecuentó las personalidades políticas y literarias más destacadas de la época, visitó a Voltaire en Femey, y, hombre de brillantes ingenio y cultura, fue acogido en la corte de Luis XVI, donde gozó del favor del monarca y de María Antonieta. En 1782 se le encargó una misión junto a Catalina II; en 1787 tomó parte en la guerra contra los turcos, y en 1789 en el sitio de Belgrado. En 1790 negóse a dirigir la insurrección belga contra Austria, en la cual, en cambio, participó su hijo Louis.

A pesar de ello, cayó en desgracia de la corte vienesa, en particular tras el fallecimiento de José II, y hasta 1797 no fue nombrado feldmariscal. La muerte de su hijo Charles, caído en 1792 en lucha contra los franceses, le había afec­tado profundamente; y así, a partir de en­tonces residió en Viena, donde consagróse casi exclusivamente a la literatura. En 1778 había publicado Coup d’oeil sur Béloeil et sur une grande partie des jardins d’Europe; luego entregó a la prensa treinta y cuatro tomos de Mélanges militaires, littéraires, sentimentaux (1795-1811), Vie du prince Eugène de Savoie (1809), y Cartas y pensa­mientos (1809, v.), conjunto al que siguió un Nouveau recueil (1812). Sus cinco volúmenes de Mémoires et mélanges historiques aparecieron póstumos entre 1827 y 1829. Tí­pico representante de la ideología propia del s. XVIII, donde el gusto francés, pre­ciosista y refinado, chocaba con la cultura enciclopedista, no comprendió la Revolución ni el nuevo clima romántico, y, aun cuando simpatizara con Napoleón, permaneció al margen del nuevo régimen y vivió los úl­timos años de su existencia envuelto en el recuerdo de su pasado.

M. Pasquali