Nació el 10 de diciembre de 1822 en Lieja y murió el 8 de noviembre de 1890 en París. Este compositor contribuyó esencialmente al auge de la música instrumental de fines del siglo XIX y unió, en su arte sensitivo y personal, el dominio del contrapunto con los impulsos místicos de una melodía y una armonía influidas por Wagner.
Inclinado desde niño al estudio del piano, a los trece años inició el del contrapunto con Reicha, en París. Sin embargo, en 1842 su padre le hizo interrumpir tal conocimiento y reanudar la labor de concertista en Bélgica. Franck compuso entonces una serie de obras de virtuosismo -para piano, según los gustos de la época.
Fracasado el intento de una brillante carrera de concertista, Franck, con toda su familia, regresó a París, donde se ganó la vida dando lecciones. Cuando en 1848 contrajo matrimonio con la actriz Desmousseaux, los familiares rompieron sus relaciones con el músico. Llegaron tiempos mejores con el nombramiento de organista del templo de Saint Jean-François primeramente, y luego de la iglesia de Santa Clotilde.
Allí, durante muchos años, el arte de Franck, lleno de religiosidad, se afianzó en las inspiradas improvisaciones de órgano. Esta segunda fase de su labor culminó en 1871-72 con Redención. No obstante, Franck había iniciado ya la composición de su obra principal. Las bienaventuranzas (v.).
Empezó entonces el tercer período de su actividad de compositor; su estilo alcanza ya la madurez y, entre otras producciones, crea las Variaciones sinfónicas (v.), la Sinfonía en re menor (v.), Psyche (v.) y Preludio, coral y fuga (v.). Con sus obras y enseñanzas funda la escuela de autores sinfónicos franceses del siglo pasado, entre los cuales sobresale Paul Vincent D’Indy.
M. Doná

