Ausias March

Poeta catalán. Nació en el reino de Valencia, probablemente en Gan­día, en 1397; murió en Valencia el 3 de marzo de 1459. Era hijo del poeta Pere M. y de Leonor Ripoll. Educado en las prácticas mi­litares propias de la caballería y en las disciplinas de la época, en 1419 fue armado caballero, y el año siguiente acompañaba al rey Alfonso en las campañas de Cerdeña y Córcega. Más tarde tomó parte en guerras de Nápoles y Sicilia y en la expe­dición a la isla de Gerba (1424). En 1425 le fue confirmado por el rey el señorío de Beniarjó, cerca de Gandía, que había sido concedido a su padre por el duque de Gan­día. Gran aficionado a la caza, ocupó el cargo de halconero mayor del soberano; se sabe que en 1428, retirado a sus posesiones, fue invitado a la segunda expedición real a Gerba, pero ignoramos si participó en ella. Por aquel tiempo había dejado de ejer­cer su cargo cinegético y poco antes viose envuelto en un proceso sin consecuencias, a instancia de unas mujeres de Gandía. Re­sidió desde entonces en esta villa o en Be­niarjó, ocupado en la administración de sus bienes y también de los de su hermana Peirona, sordomuda de nacimiento.

Sabemos que en 1444 pasó una temporada en Nápo­les. Los asuntos relacionados con sus pre­rrogativas señoriales le pusieron en con­tacto con el rey Juan de Navarra, nom­brado duque de Gandía en 1433, y con su hijo y sucesor en este título, Carlos de Viana, de quien M. era recaudador de rentas en 1451. El año anterior nuestro poeta ha­bía tenido un pleito con los oficiales del duque. Arcarte los asuntos administrativos y judiciales propios de su cargo, en los últi­mos años de su vida viose envuelto en un litigio por causa de un hijo ilegítimo. En 1458 redactaba dos testamentos sucesivos, que modificó el mismo día de su muerte. Ausias March se casó dos veces. En 1437 con Isa­bel Martorell, hermana de Johanot M. (v.), autor de Tirante el Blanco (v.). El matri­monio duró apenas tres años por muerte de la esposa, y dio ocasión a un pleito con su cuñado Galcerán Martorell, quien desa­fió al poeta; el asunto acabó en una tregua. En 1443 contrae segundas nupcias con Joana Escoma, valenciana como Isabel, que falle­ció a los once años de matrimonio, en la capital, donde M. había trasladado su resi­dencia en 1450. De ninguna de las dos unio­nes tuvo hijos. En cambio sabemos por sus testamentos que nuestro autor fue padre de cinco hijos ilegítimos, uno de los cuales nació de una esclava.

Por encima de esta vida sentimental de doble vertiente, halla­mos en su poesía, cual motivo central, el amor platónico del poeta por Teresa, la dama «plena de seny» que sintetiza las ideas de Ausias March sobre el amor y la mujer. Un crí­tico atribuye a nuestro autor un problema de conciencia, resultado de una antítesis entre los impulsos irreprimidos de la pasión y la noble idealidad de un amor puro. Tal contraste entre el creyente y el pecador se refleja en su poesía con intensos acentos. El primer elemento cultural que influye en la lírica de nuestro poeta es la tradición de los trovadores; en su biblioteca y en la de su padre figuraban obras trovadorescas de provenzales y catalanes. El segundo influjo que revela su poesía, más profundo y decisivo que el primero, es el derivado del pensamiento aristotélico y escolástico Ausias March cita en sus obras la Ética del griego y la Suma de Santo Tomás; toda la obra de nuestro autor está impregnada del espíritu de esta filosofía. Un tercer elemento se inserta en su ideología lírica: es la poe­sía trascendentista italiana, sobre todo a tra­vés de Dante y Petrarca.

Ecos más o menos directos de Ovidio, Cicerón y aun de Vir­gilio descubre algún crítico en los Cantos del poeta de Gandía. Con todo, el gran mé­rito de March es la entrañable sinceridad y el estilo original con que supo expresar sus sentimientos; por ello su poesía, eliminado todo convencionalismo, adquiere una duradera trascendencia humana, por encima de escuelas e influjos. Sus 128 composiciones han sido divididas en cuatro grupos: Cants d’amor, Cants de mort, Cants moráis y Cant espiritual (v. Poesías). Ya en su misma épo­ca la extraordinaria personalidad de nues­tro poeta determina admiraciones y elogios. El marqués de Santillana lo alaba en su Proemio. Los poetas catalanes contempo­ráneos lo ensalzan y lo imitan. En el si­glo XVI, llegada la decadencia política y cultural de Cataluña, los pocos poetas que se salvan del olvido se apoyan en la temá­tica y en el estilo de Ausias March (Pere Sefarí, Joan Pujol).

La poesía castellana recoge la herencia del valenciano, empezando por Boscán y Garcilaso; más tarde, Fernando de Herrera será, en parte de su obra, uno de sus grandes imitadores. Juan López de Ho­yos y Saavedra Fajardo lo consideran erró­neamente, claro está, predecesor y modelo de Petrarca. Con la Renaixença, sobre todo por obra de Milá i Fontanals, la poesía de nuestro autor obtiene una justa valoración. Su influencia en la moderna lírica catalana, sobre todo a partir de Maragall, ha sido profunda y decisiva. El propio Caries Riba, singularmente en su poesía juvenil, le debe mucho al inmortal cantor de Teresa.