August von Platen Hallermünde

Nació en Ansbach, en Franconia, el 24 de octubre de 1796, y murió en Siracusa el 5 de diciem­bre de 1835. Vivió sus años de adolescencia como todos los jóvenes nobles destinados al servicio de la corte: Escuela de Cadetes y después Instituto Real de Pajes de Munich, de donde salió a los dieciocho años con el grado de subteniente. Un año después tomó parte en la última campaña antinapoleó­nica, pero su regimiento no llegó a tiempo para combatir en Waterloo; la incruenta ex­pedición sirvió al menos para curarle de una no correspondida pasión amorosa por la joven marquesa Boiffeson. Al año si­guiente, aprovechó una licencia para hacer un viaje a Suiza, donde conoció a Zschokke, que había sido amigo de Kleist. No le sa­tisfacía la vida militar y se dedicó al estu­dio de las literaturas y de las lenguas (llegó a saber doce de éstas), hasta que en 1818 obtuvo una licencia y una beca real para estudiar Derecho en la Universidad de Würzburg, con la idea de prepararse para la carrera diplomática. Un año después pasó a la de Erlangen, donde fue discípulo del gran filósofo del idealismo romántico, Schelling; consiguió obtener nuevas pró­rrogas de la licencia y pasó siete años estu­diando Filosofía y hasta Ciencias naturales, pero no Derecho.

Durante las vacaciones, realizaba viajes por Alemania, verdaderas y auténticas peregrinaciones literarias: es­tuvo en Bayreuth, a visitar a Jean Paul; en Cassel, por Jakob Grimm; en Ebern, por Rückert, y en Jena, por Goethe. Mien­tras tanto publicaba en 1821 su primera colección de poesías, imitadas del persa, Gacelas (v.), y en 1824 Neue Ghaselen, de las que Goethe no sólo hizo un juicio muy benévolo, sino que mereció también una entusiasta recensión a Eckermann. El sueño más ardiente de Platen consistía en un viaje a Italia: al fin, en 1824, pudo llegar a Venecia, cuya delicada belleza, que le inspiró los célebres Sonetos venecianos (v.), le ató con tal fuerza que rebasó en mes y medio el plazo de su licencia, de modo que cuan­do volvió a Nuremberg hubo de sufrir un arresto de tres meses. Los aprovechó para escribir una comedia y un drama, que fue­ron representados; pero no había nacido para el teatro, aunque entre 1824 y 1828 publicara unas siete obras teatrales de di­verso género. En 1826, a raíz de la publi­cación de El tenedor fatal (v.), comedia literaria que es ante todo una sátira, renegó de toda su producción anterior. Al principio se había sentido atraído por el mundo romántico, pero después aspiró a ideales de belleza clásica, aunque lo separara de los clásicos la modernidad de sus concepciones políticas.

Padeció de la situación crítica en­tre dos generaciones, pero sobre todo del contraste entre su innata nobleza moral y sus inclinaciones homosexuales. De este dra­ma íntimo nos ha dejado un documento en su interesantísimo Diario (v.). Su temple de poeta se revela en la lírica, abundante en contrastes, pero fría sin embargo: un estetismo cada vez más preciosista (su culto a la belleza encontraba correspon­dencia psicológica precisamente en su atrac­ción hacia el Eros griego) lo llevó al parnasianismo. Los viajes constituyeron, junto a los estudios, la liberación del drama inte­rior. Recibió del nuevo rey Luis I de Ba- viera una larga licencia, conservando, sin embargo, el sueldo de oficial; y gracias tam­bién a un apreciable anticipo del editor Cotta, pudo abandonar definitivamente Er­langen en septiembre de 1826 para marchar a Italia.

Allí vivió de un modo casi ininte­rrumpido los últimos nueve años de su vida (hizo dos breves viajes a Munich, con mo­tivo de la muerte de su padre y para tra­tar con los editores), recorriéndola y visi­tándola minuciosamente; se detuvo primero en Florencia, luego en Roma, más tarde en Nápoles; regresó a Venecia, vivió después en Lerici, Toscana y Calabria, pero volvien­do siempre con preferencia a Roma y a Nápoles, donde trató, entre otros, a Leopardi. En Italia escribió una comedia satí­rica, Edipo romántico (v.), un poema na­rrativo, Los abbasidas [Die Abassiden], y un bosquejo dramático, La liga de Cambrai [Die ligavon Cambrai, 1833]; pero más que estas obras frías y de inspiración libres­ca, valen las composiciones líricas de este último período, principalmente Epigramas [Epigramme] y Odas (v.), inspiradas en el paisaje italiano y en el mundo clásico.

V. M. Villa