Gottfried Benn

Nació el 2 de mayo de 1886 en Mannsfield (Prusia occidental), y m. en Berlín el 7 de julio de 1956. Fue hijo de un pastor protestante y de una suiza del Jura, e inició los estudios universitarios en 1904; durante algún tiempo siguió los cursos de la Facultad de Letras, y luego, en Mar- burgo y Berlín, estudió medicina y gra­duóse en esta materia.

Algunos de sus tra­bajos experimentales fueron premiados con medalla de oro por la Universidad berlinesa. Médico militar durante la primera guerra mundial, fue temporalmente auxi­liar de Lesser, y, más tarde, ejerció su pro­fesión en Berlín como especialista en en­fermedades venéreas y de la piel.

La evo­lución que llevó a Benn de su profesión a la poesía, puede descubrirse en el contenido de sus primeras obras, y, posteriormente, en la científica y fría lucidez de su estilo y en el uso y abuso de términos técnicos que el poeta trata de adaptar al mundo de la lírica.

A los dieciocho años —nos cuenta el mismo Benn — envió a una revista litera­ria berlinesa una composición lírica que me­reció el siguiente juicio: «Gottfried Benn.: Afable en el sentimiento, pero débil en cuanto a la expresión». Ocho años después, apenas, la colección Morgue (1912) situábale entre los poetas menos «afables» del expresionismo.

El título de este libro resulta muy signi­ficativo: el desmenuzamiento del cuerpo, verificado con una cruel meticulosidad pro­fesional, se convierte en símbolo de una condición metafísica del hombre; la crea­ción es una herida, y el diagnóstico no su­pone el remedio. El «motus» de esta lírica reside sobre todo en una voluptuosidad de destrucción; y, precisamente, Max Bense cita a Wittgenstein respecto del Benn de la primera época.

En el breve espacio de algu­nos años siguieron a Morgue otras colec­ciones: Sóhne (1914), Fleisch (1917), publi­cado en la biblioteca lírica de la revista Die Aktion, y Schutt (1919). «Cada uno de sus versos — dice de Benn. Else Lasker-Schüler— es la dentellada de un leopardo, el salto de una fiera.» Alternando con la poe­sía publica obras en prosa (Gehirne, 1916): ensayos (Das modeme Ich, 1919) y dramas (Der Vermessungsdirigent, 1919).

La voz del autor va resultando cada vez más clara e inconfundible en el coro de los expresio­nistas, en tanto su obra poética marca una doble posición: de un lado, una lírica po­lémica y provocadora, vivisección de una humanidad condenada, que presenta esce­nas de la vida urbana expresadas en prosa rítmica, en versos libres o tendentes al «song», y con los mismos rasgos duros y rápidos de Georg Grosz, quien titula preci­samente uno de sus dibujos «El café del Dr. Benn»; por otra parte, la inclinación a la poesía absoluta, «sin fe — como diría más tarde— sin esperanza, no dedicada a na­die, hecha sólo de palabras elaboradas me­diante la fascinación».

En su sucesivo cam­bio de actitudes únicamente se salvaron de la primitiva negación radical la forma y la creación artística. En el curso de esta tra­yectoria Benn tomó contacto con la obra de Nietzsche y eligió a éste como maestro de su nihilismo estético.

Además de citarle repe­tidamente (algunos aforismos del filósofo, como «El arte es la suprema actividad me­tafísica dentro del nihilismo europeo» y «Bien está una concepción antimetafísica del mundo, mientras sea artística», o bien su definición del mundo cual Olimpo de la apariencia, convirtiéronse para Benn en divi­sas de su arte), le dedicó un ensayo, Nietz­sche nach fünjzig Jahren, reimpreso en el volumen Frühe Prosa und Reden (1950), y, posteriormente, un capítulo entero en Der Ptolomaer y algunas páginas en Doppelleben.

En su búsqueda de un arte consciente y del seguro dominio de los propios medios técnicos, el autor descubrió a otro maestro en George (cfr. Rede auf Stefán George), y a través de él superó los límites del ex­presionismo alemán para ingresar en una escuela más amplia: la de la poesía deca­dente europea, de Mallarmé en adelante.

En 1933 creyó descubrir una realidad del nihilismo en el Estado nazi, cuya aparición saludó con entusiasmo (Der nene Staat und die Intelektueen, 1933; Kunst und Macht, 1934). De esta actitud no logró disuadirle una carta abierta que, en nombre de los intelectuales emigrados, le dirigió Klaus Mann en la revista Die Sammlung.

La res­puesta de Benn fue desoladora: su encegamiento, la insolencia de sus argumentos y el carácter trivial de las alusiones a Nietz­sche bien habrían podido ser utilizadas por Lukács como prueba de sus teorías sobre el irracionalismo alemán. Ante la brutalidad del nuevo Estado, empero, no tardó en com­prender su error; su manifiesta desilusión le valió la hostilidad del partido y la exclu­sión del sindicato de escritores.

En 1936 re­solvió escoger «el camino aristocrático de la emigración»; y así, volvió a ejercer la medicina y dejó de publicar. Después de la guerra aparecieron, además de Trunkene Flut (1949), donde figuran poesías ya dadas a conocer anteriormente, varios tomos de nuevas composiciones líricas: Statische Gedichte, que comprende el trabajo silencioso del decenio 1937-47, Fragmente (1951), Des­tillationen (1953) y Apréslude (1955), nueva etapa — la última — del arte de Benn donde el tema nihilista, más riguroso todavía tras unos años tan terribles de la Historia, pre­senta mayor variedad y moderación de ma­tices, una violencia transformada en ironía y un dominio de la forma no tan aparatoso pero más seguro.

De este postrer período cabe citar asimismo la prosa, que, posible­mente, no tiene en alemania parangón más reciente que Nietzsche: Der Ptolomäer (1949), Ausdruckwelt (1949), Drei alte Män­ner (1949), Doppelleben (autobiografía, 1950) y Problem der Lyrik (1951).

M. Spagnol