Trovador provenzal que vivió entre la segunda mitad del siglo XII y los comienzos del XIII; en efecto, de algunas alusiones históricas contenidas en sus canciones, puede deducirse que su actividad poética fue ejercida entre 1180 y 1210.
Pero no sabemos nada más de su vida, si se exceptúa lo que nos refiere la antigua biografía provenzal, que asegura que nació en Riberac (Perigord), de noble familia, y que era hombre culto dedicado a la juglaría quizá por necesidades materiales.
Siempre según su antiguo biógrafo, habría amado a una gran dama de Gascuña, sin obtener de ella favor alguno; y sus 18 Canciones (v.) tratan de amor, excepto una. Se complacía en componer en rimas preciosistas, maestro como era en sutiles primores de lenguaje y de estilo: es, en efecto, el más insigne representante del «trobar clus», así como de la más refinada expresión del mismo, que consiste en el «trobar ric», es decir, aquella especial búsqueda de expresión conseguida a través de un estilo rico en artificios y en habilidad retórica y lingüística, que lo hicieron singularmente apreciado del Dante («il miglior fabro del parlar materno = el mejor artífice del lenguaje materno», Purgatorio, XXVI, 117) y del Petrarca, el cual, en el Trionfo d’Amore (IV, 40), dice de él: «De todos el primero Arnaldo Daniello, / gran maestro de amor, que aun a su tierra / honra con su lenguaje extraño y bello».
Pero la opinión de Dante y de Petrarca no ha sido compartida por la posteridad, que busca más la auténtica expresión poética que la habilidad y la sutileza puramente formales. Es cierto que tuvo un perfecto dominio de la lengua y que fue un completo artífice de versos, de rimas altisonantes y que logran el efecto buscado; pero carece de profundidad de pensamiento. Característica prueba de su habilidad poética es la «sextina».
C. Cremonesi

