Nacido en Tarento a mediados del siglo IV a. de C. Es el más notable escritor griego sobre teoría musical.
Hijo de un discípulo de Sócrates, fue encaminado por éste a la música y a la filosofía. Se interesó por las doctrinas pitagóricas antes de convertirse en uno de los principales discípulos de Aristóteles. Aspiró a suceder al maestro, y el nombramiento de Teofrasto para dirigir la escuela peripatética después de la muerte de Aristóteles, constituyó la gran desilusión de su vida.
Eliano nos lo describe ceñudo, «enemigo de la risa», y elogia su severa concepción de la vida. De las muchísimas obras suyas cuyos títulos poseemos, sólo dos nos han sido conservados parcialmente, y son Elementos de armonía (v.) y Elementos rítmicos (v.), en las que expone y sistematiza los elementos de la teoría musical griega.
Más que por las noticias concretas sobre esta teoría (que conocemos también por otras fuentes), interesa resaltar en los escritos de Aristóxeno la presencia más o menos explícita de un pensamiento estético: una idea de lo que ha de ser o de cómo ha de ser entendida una obra de arte musical.
Desgraciadamente se ha perdido una obra suya titulada Sobre la audición de la música, en la que parece sostenía el carácter necesariamente activo de esta operación, que requiere una vigilante y asidua confrontación de los sonidos pasados con los presentes y los futuros.
Es decir, que Aristóxeno reconoce la función capital de la memoria en la inteligencia de la música, como se deduce de un párrafo de los Elementos de armonía: «Estas dos cosas coexisten verdaderamente en la música: la sensación y la memoria. Hace falta, en efecto, sentir lo que pasa y acordarse de lo que ha pasado».
A. Mila

