Aristóteles Valaoritis

Nació en Leucadia el 2 de agosto de 1824 y murió en Madurí el 24 de julio de 1879. Fue, después de Solomos (v.), el primer poeta nacional de la Grecia renacida. Inició sus estudios en la Academia Jonia, de Corfú. Enviado luego a Italia y Suiza, cursó la segunda enseñanza en Ginebra. Frecuentó la Universidad de París (1844-46), y, más tarde, la de Pisa, donde en 1848 graduóse en Jurisprudencia. Aventurero y romántico, gustó viajar a pie por Suiza, Baviera, Italia y el Tirol. Vuelto a Francia tras la consecución del título académico, visitó Inglaterra, y anduvo, siempre a pie, por Escocia, Renania y la Alemania meridional. En sus Cartas se pre­senta excitable y pendenciero: en Nápoles apaleó a un oficial que iba tras él, y después refugióse en una nave inglesa; y en París, concretamente en el Bois de Boulogne, dio muerte, según dice, a uno de los dos apa­ches que le habían agredido.

Conmovido por las insurrecciones de los pueblos deseo­sos de libertad, corrió a Hungría, para ofre­cer sus servicios a los magiares sublevados. Sosegados finalmente o un tanto atenuados sus románticos ardores, contrajo matrimo­nio en Venecia (1852) con la hija de Emilio Tipaldo, y regresó con ella a la nativa Leucadia. Poco después (1854) participó activa­mente en la preparación de un levantamien­to en Épiro, a pesar de las amenazas del gobernador inglés, que le forzaron a alejar­se de las islas Jónicas. En 1857 fue elegido miembro del parlamento de las Siete Islas, y se adhirió al partido radical (en favor de la unión a Grecia). El volumen de las Con­memoraciones (v. Poesías), publicado este mismo año, le hizo súbitamente famoso en el archipiélago y en el territorio griego continental. Desde Londres, Spiro Tricupis, embajador de Grecia, saludóle como sucesor de Solomos, fallecido entonces, con los cé­lebres versos: «El ruiseñor no ha muerto,/ aún vive el ruiseñor:/sus plumas ha cam­biado, / mas no cambió su voz».

En Atenas el rey Otón concedióle honores, y Dora de Istria y Tommaseo elogiaron sus poesías. Nimbado por la fama de poeta nacional, compuso a continuación el pequeño poema dramático Doña Frosini (1859, v.), en el que también figuran motivos político-patrióticos. En 1862 formó parte de la comisión parla­mentaria que presentó al gobernador inglés el decreto de comisión, y leyó él mismo la acusación contra el protectorado. En 1864 fue nombrado diputado de Leucadia al Par­lamento griego, y tomó en él la palabra, en nombre de todos los moradores de las islas Jónicas, para celebrar el gran aconteci­miento de la unión a Grecia. En 1867 publicó el poema Atanasio Diaco (v.). Un incidente de carácter personal (1868) le forzó al aban­dono de su carrera política.

En adelante, vivió retirado en la pequeña isla de Maduri, una de las Equinades, junto a la costa de Leucadia, donde su familia poseía una casa. Por otra parte, la dolencia de corazón que sufría desde algún tiempo no le permitía seguir- participando en los agitados episodios de la vida parlamentaria. A su muerte dejó incompleto el pequeño poema Fotino (v.), considerado por los críticos como el fruto más maduro del arte de este batallador poeta, que llevó a la renacida literatura griega un eco vivo del romanticismo de Víctor Hugo a través de sus ímpetus decla­matorios y el no disciplinado entusiasmo de un alma encendida por los ideales más elevados.

B. Lavagnini