Apollon Nikolaevich Maikov

Nació el 23 de mayo de 1821 en San Petersburgo, don­de murió el 8 de marzo de 1897. Hijo del famoso pintor Nikolai Apollonovich, recibió, junto con sus hermanos Valerian y Leonid, una excelente formación; entre otras materias, estudió, bajo la guía del célebre escritor Ivan A. Goncharov, la historia de la lite­ratura rusa. En tanto los hermanos iban afianzándose el primero en el campo de la crítica y el otro en el de la historia lite­raria, él, aun cuando estudiante de Juris­prudencia a partir de 1837, reveló excelen­tes y originales cualidades poéticas, que llamaron la atención de críticos entonces notables, como Pletnev y Nikitenko. Y así, decidió renunciar también a la actividad pictórica, para la cual manifestaba una dis­posición espontánea, y completar su pre­paración cultural y espiritual para llegar a escritor.

En 1842 emprendió un largo viaje por el extranjero, en cuyo transcurso detú­vose todo un año en Italia. Este y otros contactos con la tierra, la vida y la historia italianas le inspiraron Bosquejos de Roma. Album napolitano (v.) y el interés por las vicisitudes históricas de la Roma antigua, cuyos episodios le habrían de sugerir más tarde las tragedias Dos mundos (v.) y Tres muertes (v.). De Italia pasó a París, donde frecuentó la Sorbona y el Collège de France, y preparó una disertación sobre el Derecho eslavo antiguo. Vuelto a San Petersburgo, trabajó primeramente en el Ministerio de Hacienda, y luego, en calidad de bibliote­cario, en el Museo Rumiancev, antes de que éste fuera trasladado a Moscú; finalmente, presidió el Comité de Censura de obras extranjeras.

Poeta de gusto y delicadeza considerables, uno de los mejores represen­tantes de la escuela más o menos propiamente denominada del «arte por el arte», abierto a todas las concepciones más mo­dernas de su época y al mismo tiempo atraído por la poesía antigua y, singular­mente, por el criterio y la visión que de ella tuvo Goethe, fue una personalidad de primera categoría en el mundo de la cultura rusa, como lo atestiguan sus rela­ciones con los espíritus contemporáneos más ilustres, en particular con Dostoievski, a quien le unió una fraternal amistad.

E. Lo Gatto