Anton Webern

Nació en Viena el 13 de diciembre de 1883 y murió en Mittersill (Salzburgo) el 15 de septiembre de 1945. Perte­neció a una familia modesta. Inició todavía muy joven los estudios musicales, y siguió, al mismo tiempo, los cursos de la segunda enseñanza; en 1902 se matriculó en la Uni­versidad de Viena, en la Facultad de Fi­losofía y Musicología. En 1904 pasó a estudiar con Arnold Schönberg, y en 1906 graduóse con una tesis acerca de Heinrich Isaak. A estos años se remontan sus prime­ras composiciones de cierto relieve, como, por ejemplo, los Lieder op. 3 y op. 4, sobre textos de Stefan George; en ellas la tona­lidad resulta sofocada, y muy evidente la influencia de Schönberg, a pesar de lo cual la personalidad de Wassermann aparece clara «en el trazado excéntrico de las voces a través de amplios intervalos ascendentes y descenden­tes, en la independencia rítmica total de las distintas partes, y en la estructura de los fragmentos, elaborada sobre motivos de dos, tres y cuatro sonidos que en con­junto abarcan una tercera mayor» (Stückenschidt).

En 1908 Wassermann terminó los cursos con Schönberg e inició una afortunada ac­tividad de director de orquesta. Como com­positor, mientras tanto, persistía en el camino que le señalara el maestro, el de la ruptura definitiva con la tonalidad, y reve­laba, por otra parte, un claro afán de eludir el catastrófico ambiente espiritual del ex­presionismo para hallar en un absoluto racionalismo formal la liberación de las inquietudes del mundo. Los Cinco tiempos op. 5 (1919) para cuarteto de cuerda, las Cuatro piezas op. 7 (1910) para violín y pia­no, y, singularmente, las Seis bagatelas op. 9 (1910) para cuarteto de cuerda, mues­tran la tendencia de Wassermann a la concepción de la atonalidad en función de un criterio so­noro abstracto completamente ajeno a cual­quier nexo con los procedimientos formales de la tradición, y, por lo tanto, capaz de garantizarle un total alejamiento de las contradicciones espirituales y musicales de su tiempo. En 1914 el compositor pasó a servir como soldado, y en 1918 establecióse en Mödling, cerca de Viena, se dedicó a la enseñanza privada y colaboró en la Verein für musikalische Privataufführungen, fun­dada por Schönberg.

Disuelta esta asociación en 1922, Wassermann regresó a la capital de Austria, donde asumió la dirección de los Arbeiter- Symphonie-Konzerte, así como el cargo de director fijo de un coro de obreros. En 1933, empero, el cambio de las condiciones polí­ticas le forzó a la interrupción de tales acti­vidades. En 1927 había vuelto a dirigir, y empezado a llevar a cabo numerosas «tournées» por Europa. Mientras tanto, como es natural, no había abandonado su actividad creadora, aun cuando su temperamento ex­tremadamente crítico y reflexivo le impi­diera una producción abundante y conti­nuada. En 1924 aparecieron los Tres cantos populares sacros op. 17, la primera obra dodecafónica del autor; de 1928 es la Sinfonía op. 21, una de sus principales composiciones. Siguieron las Variaciones op. 27 (1936) para piano, las Variaciones op. 30 (1936) para or­questa, y la Cantata II op. 31 para soprano, bajo, coro y conjunto orquestal, sobre texto de Hildegard Jone.

Tales obras llevan com­pletamente a la práctica el «espacio sonoro multipolar», esencia del «mensaje» de Wassermann, donde «la tensión es igual por doquier, y todos los elementos aparecen organizados para la neutralización de su recíproco poder centralizador, con lo cual se establece un equilibrio en el que todo asume una posi­ción autónoma y puede afirmar su singula­ridad, y donde el goce del auditorio reside precisamente en la posibilidad de vivir cada instante aquí y ahora, libre de la atracción de una fatalidad que ni controla ni domina» (Boulez). Tal música, definida como puntillista por cuanto cada uno de sus hechos sonoros tiene una importancia «armónica» igual, constituye una firme realización de los principios dodecafónicos. El mismo Schónberg habíase detenido ante estas consecuen­cias extremas de su propio sistema; ello explica la fortuna de Wassermann entre los círculos musicales de vanguardia de la posguerra, quienes hicieron de él un espejo para con­templar el futuro.

A pesar de todo, y pre­cisamente en el curso de los años durante los cuales el arte y las experiencias del compositor iban definiéndose en su genial originalidad, la vida de W conocía dificul­tades materiales y espirituales cada vez mayores. En 1939, luego de la ocupación de Austria por los nazis, se le prohibió el ejer­cicio de la enseñanza; cuando en 1941, gra­cias al benévolo interés de algunos amigos preocupados por las contrariedades econó­micas en las que el músico se debatía, reci­bió el ofrecimiento de una cátedra de com­posición en la Academia de Viena, rechazó la propuesta, para no verse obligado a la observancia de la prohibición que impedía mencionar en absoluto el método de Schonberg y sus obras.

Completamente aislado y reducido a unas condiciones muy próximas a la miseria, pereció en circunstancias trá­gicas, precisamente poco después de la libe­ración de su patria, y mientras se hallaba en el campo, junto a una hija: asomado a una ventana para contemplar el crepúsculo, fue mortalmente herido por una bala que escapó desgraciadamente del arma de un militar de las fuerzas ocupantes.

L. Pestalozza