Anthony Ashley Cooper, conde de Shaftesbury

Nació en Londres el 26 de febrero de 1671 y murió en Nápoles el 15 del mismo mes de 1713. Era sobrino del famoso político «whig» (el «Achitophel» de Dryden y can­ciller de Carlos II), a cuyos cuidados se confió su educación, y fue discípulo de John Locke, de quien más tarde criticó severa­mente la ideología, aun cuando conservara vivo su afecto por el hombre. Llevó a cabo inmejorables estudios y los viajes al conti­nente propios de los nobles ingleses contemporáneos. Vuelto a la patria después de la segunda revolución, no pudo actuar largo tiempo y activamente en política, debido a su precaria salud. Sin embargo, como miembro del Parlamento por la circuns­cripción de Poole (1695-98) apoyó con efi­cacia un proyecto de ley que concedía pro­tección legal a los presos acusados de trai­ción, y fue consultado frecuentemente por Guillermo III sobre importantes cuestiones de Estado. Para mejorar su salud estuvo dos veces en Holanda (1698, 1704), donde se relacionó con los círculos literarios y filosó­ficos de Rotterdam y conoció a Le Clerc Bayle y Van Limborch, cuya libertad de pensamiento compartía.

Su primera obra publicada fue un prólogo a los sermones de Benjiamin Whichcote, uno de los jefes de la escuela platónica de Cambridge, el cual, en oposición a la analogía establecida por Hobbes entre el universo y una má­quina, afirmaba la existencia en la natura­leza de un principio de crecimiento que anima y plasma el mundo, y sostenía también, contra el empirismo de Hobber, que la mente no es un receptáculo pasivo de los datos sensoriales, sino el artífice de su pro­pio conocimiento. Shaftesbury adoptó y desarrolló estos principios en la obra Los moralistas: rapsodia filosófica [The Moralists, a Philosophical Rhapsody, 1709], cosmología que, con su «.optimismo», anticipó la Teodicea (1710) de Leibniz; luego aplicó sus princi­pios a la estética en Soliloquio, o consejos a un autor [Soliloquy, or Advice to an Author, 1710]. Este texto establece una analogía entre la «naturaleza plástica» y la actividad poética: «como la naturaleza plás­tica universal [el poeta], forma un todo coherente y proporcionado en sí mismo, y cuida de la dependencia y subordinación justas entre las partes constitutivas». La Investigación sobre la virtud y el mérito [An Inquiry concerning Virtue and Merit, 1699] es su principal tratado de ética. En él afirma que el orden interno del hombre vir­tuoso forma parte del universal.

Para Shaftesbury la obligación moral no es el resultado de un contrato, según decía Hobbes, ni una con­secuencia del temor de Dios, antes bien, existe con anterioridad a la manifestación de la voluntad divina; en cuanto a los juicios morales, son considerados fruto no de razón, sino de intuición, del «sentido moral». Las tres obras mencionadas, junto con la Carta sobre el entusiasmo [A Letter concerning Enthusiasm, 1708] y Sentido co­mún: ensayo sobre la libertad del espíritu humorístico [Sensus Communis: an Essay on the Freedom of Wit and Humour, 1709], fueron publicadas nuevamente, bajo el títu­lo general de Características de los hom­bres, de las costumbres, de las opiniones y de los tiempos (v.), en 1711, año en que el autor abandonó Inglaterra en busca de un clima más cálido y favorable a su salud. Pasó el último bienio de su vida en Nápoles, entregado a la revisión de Characteristics y al estudio de la historia del arte; esta última actividad dio lugar a dos breves ensayos de estética: Noción del trazado o ensamblaje histórico del Juicio de Hércules [A Notion of the Historical Draught or Tablature of the Judgement of Hercules], incorporado a la segunda edición de Characteristics (1714), y la Carta sobre el dibujo [A Letter concerning Design], que figura en la quinta edición de la obra mencionada (1732).

Por la elegancia, la agudeza y la corrección del estilo, Shaftesbury vio realizado el propósito que compartiera con Addison: la introducción de la filosofía en ambientes no escolares ni universitarios, «en las ter­tulias y reuniones, y junto a las mesas de té y en los cafés». La influencia de sus enseñanzas referentes a la cosmología y a la ética puede advertirse en la poesía de Akenside y Thomson; sus teorías estéticas favo­recieron en Inglaterra la popularidad del estilo arquitectónico de Palladio, y su elogio de las visibles irregularidades propias de la naturaleza influyó en la modificación del gusto en el ámbito de la jardinería artística. Siquiera oscurecido en cuanto filósofo por Locke, Berkeley y Hume, su obra fue apre­ciada por Diderot y Lessing y estimuló a Kant en sus investigaciones acerca de la fantasía creadora.

J. Butt