Nació el 9 de junio de 1507 en Civitanova y murió el 21 de noviembre de 1566 en Roma. Llegado a Florencia conoció a Benedetto Varchi, de quien aprendió el amor a los grandes escritores antiguos y modernos.
En 1530 marchó a Roma, donde figuró entre los académicos de la Nuova Poesía, los cuales, dirigidos por Claudio Tolomei, pretendían componer «los nuevos versos con la misma cantidad silábica de los pies antiguos»; sin embargo, no dejó de tener sus dudas acerca de tales intentos, que le «parecen realmente hechos con los pies».
Posteriormente estuvo en Nápoles y en Romagna. En 1542 entró al servicio de Pier Luigi Farnese, quien le confió varias misiones diplomáticas; al ser muerto éste en 1547, hubo de huir a Parma. En Roma sirvió después a otro Famesio, el cardenal Alejandro, por cuyo encargo compuso en 1553 la canción en loor de los Valois, Vemíe all’ombra de’ gran gigli d’oro, criticada por Castelvetro, a quien C. replicó con el libelo Apología (v.) y dos series de sonetos.
En 1563 retiróse cerca de Frascati, donde en los últimos años de su vida trabajó en su traducción de la Eneida (v.). Perfecto literato, en su actividad de escritor fue un ecléctico y, aun cuando en las Rime acudió a la musa elegante de Petrarca, en Nassea, Commento di Ser Agresto, etc., tendió más bien a la alegría un tanto grosera de Bemi.
Admiró el estilo ornamental del helenismo y tradujo la novela de Longo Dafnis y Cloe (v.); admitió de buen grado la simplicidad estilística en las Cartas (v.) y aceptó con idéntico entusiasmo la palabra exaltada de los apologistas cristianos que la elevada voz de Dante. Aun cuando siempre cortesano, criticó la vida de la corte, como en su comedia Los harapientos (v.). No obstante, en él todo se halla presidido por un ideal de clásica dignidad.
Sus obras de juventud están inspiradas en su fe en los principios más típicos del pensamiento renacentista, pero la producción de su madurez refleja ya el ocaso de estos ideales. Por el contrario, la forma literaria resulta cada vez más refinada y alcanza su punto más elevado en la maravillosa «fantasía» de la traducción de la Eneida.
A.Greco

