Ann Radcliffe

Nació el 9 de julio de 1764 en Londres y murió en la misma capital el 7 de febrero de 1823. Perteneciente a una familia de comerciantes acomodados, a los veintitrés años se casó, en Bath, con William Radcliffe, licenciando en Oxford y estudiante de leyes, que pasó después a ser propietario y director del semanario English Chronicle. Radcliffe es la principal representante de la novela tétrica, que inspirándose en los principios estéticos expuestos por Burke en su ensayo Indagación filosófica sobre el ori­gen de lo bello y de lo sublime (v.) hace del terror su principal ingrediente narrati­vo, y floreció en Inglaterra en la segunda mitad del s. XVIII y a comienzos del XIX, con H. Walpole, Clara Reeve, M. Lewis, Mrs. Shelley y Ch. R. Maturin.

Tomando como temas ya una Edad Media amanerada, ya un exotismo de pura fantasía, escribió Radcliffe novelas como The Castles of Athlin and Dunbayne (1789), A Sicilian Romance (1790), The Romance of the Forest (1791), en las que, en un escenario de castillos en ruinas, puertas secretas, trampas, músicas misteriosas y apariciones fantasmales, se desarrollan delitos truculentos, raptos mis­teriosos, crueles violencias contra doncellas indefensas. Complicadas, incoherentes, sin base psicológica ni histórica, las novelas de Radcliffe son notables sin embargo por el senti­miento del paisaje (atestiguado también en su diario) y por la habilidad técnica para provocar el estremecimiento y mantener en suspenso el ánimo del lector: desde este punto de vista, las más logradas son quizá Los misterios de Udolfo (1794, v.) y El ita­liano o El confesionario de los penitentes negros (1797, v.), que anticipan con sus figuras de bribones diabólicos y de inocen­tes doncellas perseguidas, ciertos personajes típicos de la literatura romántica. Así el tipo de hombre siniestro y fuera de la ley de Byron procede del monje Schedoni del Italiano.

F. Minuto