Anaximenes de Lampsaco

Vivió apro­ximadamente entre el 380 y el 320 a. de C. Discípulo de Diógenes el Cínico y del retórico Zoilo, fue teórico del arte oratorio y orador él mismo.

Inspirándose en célebres oradores compuso, más por ejercicio retó­rico que por necesidad, discursos de carác­ter parlamentario y forense, o también del género demostrativo, como debía ser el Elo­gio de Elena, que no ha llegado hasta nos­otros.

En su obra principal, la Retórica a Alejandro (v.), que deja mucho que desear en cuanto a reparto lógico y simetría, se nos aparece como filósofo empírico. Conver­tido, según la tradición, en maestro de Ale­jandro Magno, lo habría seguido en sus expediciones bélicas en Asia, por lo que su obra La gesta de Alejandro sería la rela­ción de un testigo ocular.

En tal circuns­tancia, Anaximenes logró aplacar la cólera de su alumno, que había decidido destruir la ciu­dad de Lampsaco, que por su alianza con los persas debía ser castigada. Lampsaco le erigió por ello, en el estadio de Olimpia, una estatua que todavía era visible en tiem­pos de Pausanias. Escribió además las His­torias helénicas en doce libros y las Histo­rias de Filipo.