Alonso Fernández de Avellaneda

Desde hace ya más de tres siglos se discute sobre la personalidad histórica de este es­critor del siglo XVI, que pudo n. en Tordesillas y compuso una apócrifa Segunda parte del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, aparecida en Tarragona en 1614 (v. Quijote). Siguen todavía en pie las palabras que, refiriéndose a Fernández de Avellaneda, escribía Cervantes en el prólogo de su Segunda parte y repitió al final de la misma: «Si por ventura llegares a conocerle…»

Es com­prensible, por lo tanto, que la crítica se haya entregado a conjeturas de toda suerte sin obtener resultados decisivos. No pode­mos aquí enumerar y discutir todas las diversas hipótesis, más o menos probables.

Según algunos, Cervantes debió de conocer su nombre, pero no quiso revelarlo, ya por­que se tratara de una persona poderosa o a fin de no darle fama; otros opinan, y se­guramente se equivocan, que el autor en cuestión fue el mismo Cervantes.

Lo único que parece cierto es el origen aragonés de Fernández de Avellaneda, y, quizá también, su pertenencia a la orden de los dominicos; de acuerdo con esta última circunstancia se habló del padre Luis de Aliaga, confesor de Felipe III.

En­tre las restantes y numerosas identificacio­nes aducidas cabe mencionar las que le con­sideran, respectivamente, Ruiz de Alarcón, Lope de Vega, Tirso de Molina, Juan Martí, fray Luis de Granada, fray Andrés Pérez, autor de La pícara Justina, Bartolomé L. de Argensola y Juan Blanco de Paz, enemigo de Cervantes.

Hay también quienes juzgan falsa la indicación del lugar de nacimiento, Tordesillas de Aragón, por cuanto en esta región no existe pueblo alguno así denominado, y, por otra parte, en Tordesillas de Castilla no fue bautizado ningún Fernández de Avellaneda en todo el siglo XVI según resulta de los registros correspondientes. El problema, pues, sigue todavía pendiente de solución.

P. Raimondi