Alfonso Martínez de Toledo

Conocido también por el «arcipreste de Talavera». Nació probablemente en 1398 en Toledo, ciudad en la cual murió después de 1466, según cier­tos críticos hacia 1470. Vivió largo tiempo en Aragón y Cataluña, de 1420 a 1438. Barcelona y Valencia influyeron profundamente en su formación espiritual y cultural; ello puede percibirse de una manera singular en la obra más trascendental del autor, El corbacho (v.), en la que aparecen influjos evidentes de Boccaccio y de las literaturas catalana y francesa vistas a través del fino ambiente valenciano, y con un sentido realista esencialmente castellano. En Toledo fue racionero de la catedral; desempeñó, además, los cargos de arcipreste de Tala- vera y capellán del rey Juan II de Castilla, como sabemos por el frontispicio de El cor­bacho.

Algunos críticos han considerado la figura moral del escritor muy próxima a la del arcipreste de Hita (v.), por lo menos en cuanto a experiencias amorosas; reve­lan éstas, evidentemente, una tendencia mo­ral, y la condenación del elemento feme­nino, que, por lo demás, el autor demuestra conocer a fondo. Otra afinidad sería la com­posición de hagiografías, como la Vida de San Isidoro y la Vida de San Ildefonso. Su prosa, directa y popular, contiene los gérmenes de la picaresca, que veremos en la Celestina y en el Lazarillo. Su libro es ina­preciable para la historia de las costum­bres del siglo XV castellano.

G. Bellini