Nació el 14 de septiembre de 1769 en Berlín, donde murió el 6 de mayo de 1859. Fue un célebre naturalista y viajero alemán. Hijo de una noble familia prusiana, vivió, ya desde los primeros años de su existencia, en un ambiente de prosperidad y cultura, y, junto con su hermano Wilhelm, recibió una cuidadosa educación. Ya desde su juventud los dos hermanos mostráronse decididos a forjarse el futuro con sus propias fuerzas. En 1787 marcharon a completar los estudios a la Universidad de Francfort del Oder, y en 1788 dirigiéronse a la de Gotinga, donde Alexander se graduó en ciencias económicas. Su pasión, no obstante, eran las ciencias naturales y los viajes científicos. Un largo viaje llevado a cabo en 1790 a lo largo de los ríos de la Europa occidental fue el preludio de su fama. Apenas regresado, quiso marchar a Oriente. Sin embargo, el amor a su madre le retuvo todavía en la patria, y entonces, para preparar mejor su futuro, se trasladó primeramente a Hamburgo, y el año siguiente matriculóse en la Escuela Minera de Freyberg, en el Erzgebirge. En 1792 ingresó en el Departamento Minero de Berlín, y poco después llegó a director general de las minas de Franconia.
Tal cargo, empero, no le impidió dedicarse a las observaciones científicas ni publicar sus primeras obras, entre las cuales destaca la referente a la vegetación de las minas de Freyberg, Florae Fribergensis specimen, etc. (Berlín, 1793). Manifestó asimismo notable interés por el descubrimiento de Galvani y los estudios de Volta acerca de la electricidad, y publicó Experimentos sobre el galvanismo (1797-99, v.). Su afán por los viajes se vio satisfecho el 5 de junio de 1799, cuando, junto con su amigo el botánico francés Aimé Bompland, zarpó de La Co- ruña a bordo de la corbeta «Pizarro», que se dirigía a los territorios españoles del Nuevo Mundo. H. exploró durante cinco años Hispanoamérica y los mares y las islas del golfo de México; sus observaciones constituyeron el fundamento de la geografía física y de la meteorología. Fue el creador de las «isotermas», destinadas a la representación de las zonas de temperatura igual, y estableció un sistema de comparación entre los distintos climas (Des ligues isothermes, 1817). Escaló varias cumbres de los Andes para el estudio de las oscilaciones de la temperatura en relación con la altura sobre el nivel del mar, y figuró entre los primeros que estudiaron la distribución geográfica de las plantas (De distributione geographica plant arum, 1817) y los animales.
En cuatro meses recorrió 1.750 millas a través de tierras salvajes, y afirmó la existencia de comunicaciones entre las cuencas del Orinoco y del Amazonas, cuyo punto de confluencia determinó. H. descubrió la disminución de la intensidad del campo magnético terrestre entre el Polo y el Ecuador, y, para la descripción de un fenómeno por él observado antes que nadie, inventó la expresión «tempestades magnéticas». Los resultados excepcionales de ese viaje fueron debidos no sólo a su preparación científica y a su experiencia, sino también, y particularmente, a la visión armónica de la naturaleza que se da en toda su obra. La publicación de los estudios efectuados a lo largo de su expedición, Voyage aux régions équinoxiales du Nouveau Continent, fait en 1799-1804 (avec A. Bompland), obra en numerosos tomos y varias ediciones (Paris, 1807, etc.), fue considerada complemento del descubrimiento de América, y dio a conocer a los europeos los complejos problemas de la economía americana. H. llegó a ser, después de Napoleón, el hombre más célebre de Europa; todas las entidades científicas desearon contarle entre sus miembros. Prosiguiendo sus actividades, estuvo con Gay-Lussac en Italia para estudiar la declinación magnética. En 1808 establecióse en París, donde obtuvo la colaboración necesaria para la ordenación del material reunido en sus viajes. En Francia contó con muchos amigos.
Humboldt fue un gran admirador de la Revolución francesa, por cuando vio, en sus profundos móviles ideales, un movimiento de reacción y justicia en favor de los oprimidos. En 1829, a los sesenta años, llevó a cabo todavía una expedición a través de Rusia, desde el Neva hasta el Yenisei, que duró veinticinco semanas. Entre sus numerosos textos cabe mencionar aún Aspectos de la naturaleza (1808, v.), Essai politique de la Nouvelle Espagne (1811), Examen critique de l’histoire de la géographie du Nouveau Continent (1814-34), Fragments de géologie et de climatologie asiatique (1831), Asie centrale, recherches sur les chaînes de montagnes et la climatologie comparée (1842) y Mineralogisch – geognostische Reise nach dem Ural, Altai, und dem Kaspischen Meere (1837-42). Sin embargo, H. consideró como la más importante de sus obras Cosmos (v.), cuyos cuatro primeros tomos aparecieron entre 1845 y 1858, y el quinto, póstumo, en 1862. Fue muy apreciado en la corte de Prusia, que le confió varias misiones diplomáticas.
R. Frediani

