Nació el 28 de septiembre de 1565 en Módena, donde murió el 25 de abril de 1635. Estudió en algunas universidades de Emilia, y en 1589 ingresó en la Academia de la Crusca. Llegado en 1597 a Roma, fue secretario del cardenal Colon- na, con el cual marchó a España en 1600. En 1602 escribió las Consideraciones sobre las Rimas de Petrarca (v.) y al año siguiente volvió definitivamente a Italia, con un recuerdo poco grato de los españoles, que pudo muy bien ser el primer germen de las Filípicas (v.), obra anónima, pero casi seguramente suya. De nuevo en Roma, abandonó el servicio del cardenal y se dedicó a la vida académica y al estudio. Más tarde sirvió a la casa de Saboya, que consideraba única posibilidad en cuanto a la liberación de Italia del dominio español. Rotas las relaciones con sus nuevos dueños, retiróse durante algún tiempo a una existencia privada, y escribió un Manifiesto (1627) contra los Saboya. Pasó los últimos años de su vida en Módena, en la corte de los Este.
Llevó hasta la paradoja el anticonformismo propio de su generación, revelado a veces en sus juicios literarios, que se hallan en los orígenes de la crítica moderna. Sin embargo, se trata de un personaje menos revolucionario de lo que suele creerse, y, junto con Boccalini (v.), se inscribe en la tendencia propia de los últimos años del siglo XVI y los primeros del XVII que se distingue por una inclinación a las innovaciones, pero no adquiere nunca, en esencia, el aspecto de una verdadera reacción contra el clasicismo y el Renacimiento. En realidad, Tassoni se aleja de Aristóteles únicamente para acentuar la necesidad de una forma literaria selecta y refinada. Testimonio de ello es su obra principal, El cubo robado (v.), refinada y artística sátira de la burguesía contemporánea y expresión de la «triste alegría» propia del carácter del autor.
C. Jannaco

