Nació el 25 de marzo de 1812 en Moscú y murió en París el 21 de enero de 1870. Fueron sus padres I. A. Jakovlev y la alemana Luise Haag; pero recibió el apellido Herzen (en ruso Gercen), procedente del vocablo alemán «Herz», o sea corazón, y destinado a indicar el «hijo del amor». Niño de inteligencia precoz, recibió una educación esmerada, pero su condición de ilegítimo perturbó su infancia y su adolescencia, en la cual influyeron dos de sus preceptores: el francés Bouchot, un jacobino «terrorista», y el seminarista J. E. Protopopov, que le hizo conocer las poesías prohibidas de Pushkin, Ryleev, etc. En 1825 H. encontró a N. P. Ogarev, su futuro compañero de ideología y actividad social, y también por aquel entonces conoció a N. A. Zacharina, la cual había de llegar a ser su esposa en 1838 e influir mucho en su vida. Ingresado en 1829 en la Universidad de Moscú, pronto reunió en torno a sí a los jóvenes adversarios del régimen de Nicolás I, con quienes integró el grupo que luego ha pasado a la historia como «.circulillo de H.».
En julio de 1834 los miembros de esta asociación fueron detenidos acusados de haber cantado canciones subversivas. En abril de 1835 H. fue enviado al destierro, en Siberia; de allí pudo regresar a Moscú en 1840, aun cuando por poco tiempo, ya que se vio condenado a un nuevo destierro, esta vez a Novgorod, donde permaneció dos años. A la vuelta inició su actividad literaria y publicó en las revistas Los anales patrios y El contemporáneo una serie de artículos polémicos, varias narraciones, entre ellas El doctor Krupov y La urraca ladrona, y la novela ¿De quién es la culpa? (v.). A fines de enero de 1847 abandonó Rusia, a donde no había ya de volver, a pesar de haber sido nombrado heredero de importantes bienes a la muerte de su padre. Salido, no obstante, con un pasaporte regular, obtenido con dificultad, mantuvo al principio un contacto directo con la patria, y colaboró desde París en El contemporáneo mediante cartas de matiz político y muy interesantes por haber sido escritas poco antes de la Revolución francesa de febrero de 1848.
La acogida que diera al movimiento popular tuvo para él un doble resultado: le impidió el retomo a Rusia y obligóle a salir de Francia apenas sofocada la revolución al regreso de Cavaignac. Tras su expulsión de París fue a parar a Roma, y desde allí, fracasada la insurrección romana, marchó a Suiza, país cuya ciudadanía logró en el cantón de Friburgo. Los años transcurridos en el territorio suizo y, una vez obtenido el permiso para regresar a Francia, en Niza, fueron los más duros de la existencia del autor: su esposa se enamoró del poeta revolucionario alemán Herwegh (v.), y luego cayó gravemente enferma y murió en mayo de 1852, precisamente poco después de haber perdido H. en un choque de vapores a su madre y su hijo, quienes desde Italia se dirigían a Niza para reunírsele: en conjunto, pues, un complejo drama familiar, cuyas consecuencias sufrió el literato durante el resto de su vida. Resolvió entonces abandonar el continente, y marchó a Londres, donde permaneció trece años, o sea hasta 1865. En el período que siguió a la Revolución francesa de 1848 su nombre había ido alcanzando una fama progresiva, singularmente gracias a una serie de ensayos publicados en alemán: Desde la otra orilla [Vom andem Ufer].
De Londres partieron sus llamamientos más elocuentes a la revolución, destinados ya a la Europa occidental o bien a Rusia; en la capital inglesa estableció el primer centro de prensa rusa libre en el extranjero, empezó a componer su obra más importante Pasado y pensamientos (v.), a la cual se halla vinculado el nombre de H. no ya solamente como político, sino también como literato, y fundó en 1857 la célebre revista La campana, que logró hacer difundir clandestinamente en Rusia, con lo cual contribuyó a crear un ambiente favorable a la liberación de los siervos de la gleba, acontecida en 1861. A partir de este año la influencia de H. fue disminuyendo, quizá porque sus ideas no resultaban tan radicales como las que se afianzaron en Rusia tras el descontento debido a la insuficiencia de las reformas por las cuales se sintiera inicialmente ilusionado; además, su actitud de 1863 favorable a Polonia le enajenó las simpatías de los círculos no revolucionarios que habían escuchado su voz, sin conservarle las de los radicales y liberales.
En 1865 abandonó Londres y marchó a Ginebra; iniciáronse entonces sus peregrinaciones por Europa, singularmente a través de Francia, Suiza e Italia, unidas a una serie de relaciones diversas y cambios de criterio respecto a la vida, la política y los problemas sociales, y a un intenso trabajo en torno a las propias memorias. En París, finalmente, cerróse la última etapa de toda esta actividad. Los restos de H., llevados a Niza, descansan junto a los de su esposa.
E. Lo Gatto

