Agustín Moreto

Autor dramático y poeta español. Nació en Madrid, de padres co­merciantes, italianos de origen, en abril de 1618; murió en Toledo el 26 o el 27 de octubre de 1669. En 1639 terminó sus estudios en Alcalá; se ordenó de sacerdote, y fue pro­tegido por el cardenal Moscoso, arzobispo de Toledo. Figuró entre los poetas de corte de Felipe IV, y compuso diversas «fiestas reales». Al fin de su vida se acogió al Re­fugio y Hospital de San Nicolás de Toledo. Se supone que a los veintitrés años escribió Los engaños de un engaño y confusión de un papel, así como la comedia titulada Sin honra no hay valentía. La Virgen de la aurora data de 1648; La ocasión hace el ladrón apareció sin duda en 1664. La difi­cultad que ofrece la cronología de sus obras ha dado lugar a que se exagerase la pre­cocidad de nuestro autor: ciertos biógrafos pretenden que compuso algunas comedias a los catorce años, aunque lo cierto es que Moreto, gracias a su inteligencia y a su talento, entró muy joven en las academias y en la corte, donde la literatura era tan apreciada y gustada.

Una vez sacerdote fue adscrito a la iglesia de Santa Magdalena, en la dió­cesis de Toledo. Pero no por ello abandonó la vida madrileña: en 1649 pertenecía a la Academia castellana, y en 1652 estaba ave­cindado en Madrid. Hacia 1650 entró al servicio del arzobispo de Toledo, quien le encargó la administración de la cofradía de San Pedro. Durante estos años la produc­ción literaria de Moreto disminuyó. Con todo, en 1659 publicó Los siete durmientes y El más ilustre francés San Bernardo. A punto de terminar Santa Rosa del Perú, fue aba­tido por su última enfermedad, El 25 de octubre, en vísperas de su muerte, había hecho testamento en favor de los pobres. Fue enterrado en la iglesia de San Juan Bautista, en Toledo. Cuando Moreto empezó a escribir, el teatro español ya había iniciado su decadencia. Si no alcanza la imaginación creadora de sus predecesores posee, en cam­bio, el sentido de la escena. Su obra no apunta a lo sublime como la de Calderón: es un teatro satírico en el que el autor se complace en pintar con. minuciosidad y ligereza toda suerte de vicios menores.

Sus obras se caracterizan por la fina urbanidad, la gracia elegante, un sentido de lo musi­cal y lo armonioso. El título de una de sus obras, La confusión del jardín (v.) es todo un símbolo de este mundo exquisito e in­trascendente; El lindo don Diego (1654, v.), divertido retrato de un fatuo, es la come­dia típica de un género y al mismo tiempo una de las obras más bellas del teatro es­pañol. Se ha reprochado a Moreto la poca ori­ginalidad de sus temas, casi todos sacados de otros autores, pero esta acusación podría hacerse a casi todos los comediógrafos de la época. El mismo Molière, en La princesa de Elide, se inspiró en una obra de Moreto: El desdén con el desdén (1562, v.). Además de las obras citadas se le deben Caer para le­vantar, De fuera vendrá quien de casa nos echara, Lo que puede la aprensión, No puede ser el guardar a una mujer, Pri­mero es la honra, Valiente justiciero y rico hombre de Alcalá, etc. Cultivó también el entremés y el auto sacramental.

J. Rodríguez