Abraham Cowley

Nació en Londres en 1618 y murió en Chertsey (Surrey) el 28 de julio de 1667. Autor poético inglés de la corrien­te metafísica, estudió en la escuela de Westminster y en el Trinity College de Cam­bridge.

Cuatro años antes de ingresar en la Universidad se había revelado poeta precoz en un tomo de versos, Capullos poéticos [Poetical Blossoms, 1633], fuertemente in­fluido por Spenser. En 1640 fue nombrado «fellow» y luego profesor universitario.

Es­cribió tres comedias y empezó un poema épico inspirado en la Biblia, Davideis, que no terminó hasta 1656. Fiel partidario del rey, al llegar los puritanos al poder hubo de abandonar Cambridge (1643). Siguió en su destierro a París a la reina Enriqueta María, y durante doce años actuó como agente secreto suyo en los contactos con el monarca.

De las poesías escritas durante este período, las de carácter erótico reve­lan la influencia de Donne (v. La amante), en tanto que las otras, caracterizadas por un preciosismo erudito y alejandrino y en­tre las que figuran las famosas elegías de Crashaw y William Hervey, tienden al es­tilo pindárico; en realidad, la gran repu­tación de C. entre sus contemporáneos de­bióse notablemente a las Pindaric Odes.

Vuelto a Inglaterra en 1656, permaneció bajo vigilancia hasta la muerte de Cromwell, en 1658. Tras otra breve estancia en París se retiró a Chertsey, en Surrey, y abandonó la política para dedicarse exclusivamente a estudios de ciencias naturales y filosofía ex­perimental, así como a la composición lite­raria; de esta suerte, escribió otra colección de poesías, Versos para varias ocasiones [Verses on Several Occasions, 1663] —entre ellas una oda a la Royal Society —, el opúsculo filosófico Propositions for the Advancements of Experimental Philosophy (1661) y diversos ensayos en prosa (Essays) por el estilo de los de Montaigne, que han resistido el paso del tiempo mucho mejor que sus versos.

Epígono, en poesía, de la escuela metafísica, perdió popularidad al aparecer el neoclasicismo, y su intelectualismo abstracto no logró verse revalidado hasta el siglo actual.

F. Mei