Abilio Manoel Guerra Junqueiro

Nació en Freixo – de – Espada – à – Centa (Trás – os- Montes) el 17 de septiembre de 1850 y murió en Lisboa el 7 de julio de 1923. Fue el prin­cipal representante, el poeta oficial casi, de la reacción burguesa, jacobina y antirromántica. Hijo de ricos agricultores, llevó a cabo los primeros estudios en Oporto, y luego se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Coimbra, donde graduóse en 1873. Allí tomó contacto con la generación literaria que posteriormente da­ría lugar al grupo de los «vencidos de la vida», a cuyo «directorio» («los Cinco») per­tenecería junto con Antero de Quental, Eça de Queiroz, Oliveira Martins y Ramalho Ortigão. En 1878 fue elegido diputado a Cortes, cargo por el que fue reelegido repe­tidamente. Indignado contra la monarquía, a la que acusaba de incapacidad para opo­nerse a la injerencia inglesa en la política del país, convirtióse en el más ardiente pro­pagandista de la república, a cuyo adveni­miento fue nombrado ministro de Portugal en Suiza.

Su obra literaria alcanzó enton­ces una gran popularidad. El autor había encontrado en Víctor Hugo el modelo más adecuado a sus características: la violen­cia de la sátira, la abundancia de las imá­genes y el dramatismo alegórico. De Oliveira Martins recibió el esquema de su vi­sión simplista de la historia, inspirada en el odio contra la dinastía de los Braganza. Diéronle fama los poemas La muerte de Don Juan (1874, v. Don Juan), en el que fustigó la corrupción de las costumbres, y La vejez del Padre Eterno (1885, v.), en el que atacó la supuesta influencia maléfica de la Iglesia. El humillante ultimátum in­glés que en 1890 contrariaba la aspiración portuguesa a un imperio colonial africano extendido sin solución de continuidad entre Angola y Mozambique, inspiróle el poema Patria (1896, v.), en el que con acentos apo­calípticos y proféticos anunció la ruina de su país; en tal obra alternan las notas ele­giacas y los arrebatos coléricos. Una actitud muy distinta presentan Los simples (1892, v.), Oracão do pão (1902) y Oração á luz (1903): se dan aquí un cándido lirismo, te­mas rústicos, una religiosidad inspirada en un vago panteísmo, y, un poco por do­quier, acentos de un puro franciscanismo. Al período suizo pertenecen algunas de las mejores prosas de Guerra Junqueiro, reunidas luego en Notas sobre a Suiça.

En 1921 apareció el volumen de las Poesías dispersas (v.), en el cual figuran varias de las composiciones líricas más populares del autor. En los últi­mos años de su existencia retiróse, aban­donada la vida política, a Barca de Ávila, donde se dedicó al estudio y al cultivo de sus viñedos. En 1923 los funerales del lite­rato dieron lugar a una de las manifesta­ciones de duelo más imponentes de cuantas hubiese podido contemplar Lisboa. La obra de Guerra Junqueiro sigue siendo todavía objeto de dis­cusiones : algunos censuran su verbalismo incoherente, la injusta deformación de la realidad, su fácil abandono a los lugares comunes y la carencia de gusto estético; otros, en cambio, ponen de relieve su vigor satírico, la convincente intensidad carica­turesca y la elevación espiritual de su últi­ma fase, en la cual tendió el autor a una síntesis personal filosófico-científica.

J. Prado Coelho