Lecciones Inéditas Acerca de la Divina Comedia, Francesco de Sanctis

[Lezioni inedite sulla Divina Commedia]. Están sacadas de los cuadernos de los cursos que sobre la Divina Comedia (v.) dio Francesco de Sanctis (1818-1883) en Turín, en los años 1854-1855, y se publicaron editados por M. Manfredi e impresos por Morano en Nápoles en 1938.

Ya el profesor Luarini había tratado de ellos en «Una lección sobre el Belacqua» y el ensayo sobre «Beatrice» (Nápoles, Morano, 19Í4), pero quedaba por satisfacer, entre los estudiosos, el deseo de asistir, por así decirlo, a la germinación primera de aque­llos criterios estéticos, de donde, liberada la poesía de todo lo que de excéntrico se le acumulaba en derredor desde hacía si­glos, impidiendo su vista, fue dado a Ita­lia, que por entonces daba los primeros pasos de su nuevo camino,volver a verla en su fulgurante belleza y experimentar los beneficios de su fuerza vivificadora. Pero era conocido, por lo que había dicho el máximo estudioso de De Sanctis, que de estas lecciones no debían esperarse grandes revelaciones, ya que cuanto había en ellas de vital había sido vertido luego a los En­sayos críticos (v.) al gran capítulo dedicado a Dante en la Historia de la literatura ita­liana (v.); pero se sabía que podrían sa­carse de ellas algunos brillantes juicios e «impetuosos descubrimientos que definen más resueltamente la figura del mítico in­novador y demoledor». Sobre todo la del innovador.

Al final de la sexta lección, en efecto, dice el crítico: «Dante ha tenido su millar de arqueólogos y filólogos: ¿no es ya hora de que en la gran poesía se busque la poesía, es decir, aquello que ha hecho a Dante inmortal?». Juicio en el que no podía hallar más completa expresión la con­ciencia de «iniciar un nuevo período en el estudio de Dante y enterrar definitivamente la Edad Media de la crítica». De hecho, «aquí por primera vez la crítica se funda en conceptos aclarados y ligados en cuanto a su forma, situación y unidad y los des­arrolla a la luz de la conciencia y de la fantasía de Dante, esto es, de la actitud fundamental tomada por el poeta frente a su tema». Desde estas lecciones es ya visi­ble la predilección que De Sanctis tenía por el primer cántico respecto a los otros dos. De treinta y cuatro lecciones, sólo cin­co, y las más pobres, están dedicadas al Purgatorio, e incluso cuando esta materia encontró su definitiva sistematización en los Ensayos y en la Historia, siguieron siendo visibles las huellas de aquella predilección.

Las razones que podrían aducirse son mu­chas: la principal es que, a pesar de su antirromanticismo, De Sanctis no pudo sus­traerse totalmente a la acción de los senti­mientos y de los ideales que tanta fuerza tuvieron en su juventud, y que, no obstante su romántico amor por las formas sólidas y corpulentas, aquel mundo ciego de la violencia, lleno de luces y de contrastes impetuosos, «más fácilmente excitaba — co­mo dice justamente Attilio Momigliano — no sólo su vena de crítico, sino también su estilo de escritor».

G. Franceschini

Lecciones de Literatura Española, Alberto Lista y Aragón

Obra de Alberto Lista y Aragón (1775-1843). Su título completo es Leccio­nes de literatura española explicadas en el Ateneo científico, literario y artístico por Don Alberto Lista. La primera edición, Ma­drid, 1836, sólo contiene cuatro lecciones y la segunda, de 1853, muerto ya su autor, consta de dieciséis. La obra abarca un curso de literatura dramática española desde sus orígenes hasta los seguidores e imitadores de Calderón. En la introducción explica las vicisitudes de su cátedra en el Ateneo, y recuerda que comenzó sus lecciones, en el trienio liberal 1821-1823, por la poesía, excluyendo la poesía dramática que será ob­jeto de las explicaciones de esta segunda época, año 1836, pero antes estudia la gran cuestión que entonces dividía la literatura europea: la disputa entre los partidarios de la literatura clásica y la romántica, en la que Lista se coloca en una posición inter­media o de compromiso. El teatro lo ve desde un terreno puramente artístico, se muestra como crítico bastante severo, y su educación neoclásica le hace creer que los preceptos deben gobernar el mundo de las artes. Entre los autores clásicos españoles prefiere a Calderón, al que ensalza y coloca por encima de Lope de Vega, del que cri­tica sus «malísimos versos». Termina la obra afirmando que su objeto fue salvar del ol­vido las causas de la elevación de nuestro teatro.

S. Beser

Lecciones de Literatura Italiana, Luigi Settembrini

[Lezioni di letteratura italiana de Settembrini]. Fueron publicadas entre los años 1868 y 1871, cuando Luigi Settembrini 1813- 1879) regentaba en la Universidad de Ná­poles la cátedra de literatura italiana que le había sido asignada en 1861.

Settembrini reconoce en la claridad heredada de los clásicos el carácter peculiar del arte ita­liano y particularmente de la literatura que por ello se orientó hacia el racionalismo y la inspiración pagana; y rebelándose con­tra la autoridad de la Iglesia fue a parar al escepticismo. Partiendo de esta premisa común entre algunos liberales del «Risorgimento» identifica con el papado la causa primera de las escisiones que condujeron a la esclavitud de Italia; y luego viniendo a hablar de Dante insiste sobre el valor uni­versal y simbólico de la Comedia que tras­ciende a su parecer incluso al ámbito cris­tiano. De Boccaccio hace notar la sensua­lidad reflejada incluso en el ornato de su estilo; y cuando habla del «Cinquecento» insiste en su idea de la misión civilizadora de Italia en el mundo, ya expresada por Gioberti en la Primada (v.). Esta supre­macía y potencia originarias, apartadas, por influjo de la Iglesia, de los asuntos mili­tares, se expresan en el arte, con el cual dominaron a los demás pueblos. Pero el pueblo italiano, privado de conciencia polí­tica y religiosa, agotada la una en la Edad Media, y sofocada después por el paganismo y el racionalismo de los humanistas, abru­mada la otra por la tiranía extranjera, el pueblo italiano había de sucumbir necesa­riamente en la lucha con los demás pue­blos, contra los cuales estaba armado única­mente de su propia inteligencia.

La falta de fe y de moral condujo de este modo a la turbación de la facultad espiritual y a la decadencia del arte. A la luz de estos conceptos juzga el arte de Berni no como poesía satírica, sustanciada, aunque fuese indirectamente, por una idea moral, sino como mera poesía burlesca. Del pensamiento de Vico da una definición aproximada, ha­ciendo notar su descubrimiento de la uni­dad espiritual entre las perpetuas leyes de la vida y las facultades de la mente hu­mana, lo cual lo convierte en precursor del historicismo inmanentista alemán, y sobre todo de Hegel. Estas lecciones no contienen palabras sustancialmente nuevas o diversas de las de su propio tiempo, pero son un documento de la pasión nacional que animó a algunos historiadores literatos y que, si bien estorbó la comprensión de ciertos mo­mentos y actitudes del espíritu, desescombró el campo del pensamiento de algunos valo­res tradicionales y de lugares comunes dog­máticamente establecidos y aceptados y aportó a los estudios historicoliterarios una contribución propia, en verdad no desdeña­ble, aunque parcial. Desde este punto de vista las Lecciones fueron apreciadas y ala­badas incluso por Francesco de Sanctis.

S. Spellanzon

Lecciones de Geometría Proyectiva, Federigo Enriques

[Lezioni di geometría proiettiva]. Obra del matemático italiano Federigo Enriques (1871-1946), publicada en Bolonia en 1898, 2.a edición aumentada en 1904, y 5.a edi­ción en 1926. La geometría proyectiva hizo su ingreso oficial en Italia en 1873 con un conocido tratado de L. Cremona, el cual se inspiró en las ideas informadoras de las célebres investigaciones de Chasles y Steiner en que se concede el espacio debido a las consideraciones métricas. Una tentativa efectuada unos años después por C. Segre para desterrarlas, inspirándose en Stand, no halló seguidores entre los italianos, como puede verse por las excelentes lecciones de Sannia (1891). Mientras éstas permanecían casi desconocidas fuera de Nápoles, donde servían de libro de texto universitario, obtuvieron grande y merecida difusión las de Enriques, las cuales se inspiran en un eclec­ticismo bien entendido. En efecto, en estas lecciones se presta la atención debida no sólo a los trabajos de los hombres eminen­tes que hemos citado, sino también a las investigaciones de carácter lógico que desde hace medio siglo se puede decir que infor­man toda la investigación matemática. Gra­cias al estilo sencillo y a las numerosas figuras ilustrativas, el autor ha sabido hacer fácil el estudio de la materia, por lo que es de suponer que así aumentará el número de los cultivadores de esta ciencia.

G. Loria

Lecciones de Filosofía, Francisco J. Llorens y Barba

Obra póstuma del pensador catalán Francisco J. Llorens y Barba (1820-72), publicada, en ocasión del centenario del nacimiento de su autor, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, en la que profesó la cátedra de Filosofía bajo distintas denominaciones, en los últimos quince años como titular de Metafísica. El texto impreso recoge la enseñanza dada en los cursos 1864-65 y 1867-68 con arreglo a los apuntes taquigráficos del catedrático Dr. Balari, que adolecen de ligeros defectos; pero en él no se refleja la evolución ulte­rior del pensamiento de Llorens, atestigua­da por otras fuentes. Los tres volúmenes de la obra contienen las lecciones sobre Psicología empírica, Lógica pura, Metafísica general, Cosmología, Psicología racional, Teodicea y Filosofía práctica; pero dejan fuera algunas materias explicadas en otros cursos, por ejemplo, la Historia de la Filo­sofía.

Llorens profesó la filosofía escocesa del common sense, importada de Francia en Cataluña por su maestro Martí de Eyxalá; pero supo remontarse a sus fuentes origi­nales, en especial a Hamilton, sin cerrarse a otras influencias, tales como el aristote­lismo y el eclecticismo. Cultivó de prefe­rencia el método de la observación, sobre todo de la interior, según el modelo de Vives y de Bacon; como ellos, se opuso a todo dogmatismo y mostró una prudente reserva en la especulación metafísica. Socrá­ticamente, señaló en la reflexión sobre sí mismo el comienzo de la sabiduría. Para Llorens, la llave de acceso a la filosofía es la psicología empírica, que describe los hechos de conciencia agrupados en las tres distintas clases de conocimiento, sentimiento y voluntad. Con el escocés Reid reivindica la objetividad, y defiende la inmediatez, de la percepción sensorial. En el entendimiento distingue la facultad noética o intuitiva y la dianoética o discursiva; y atribuye a la primera el hallazgo de los principios sin esfuerzo de reflexión. Según Llorens, la metafísica se ocupa del problema de las existencias; pero antes dilucida el valor de las ideas. Al revés de Balmes, inserta la epistemología en la metafísica.

En el pro­blema de las ideas, se decide por una po­sición intermedia entre el empirismo y el racionalismo; el conocimiento proviene de la experiencia, pero es fecundado por la aplicación de los principios inmediatos cuya verdad la facultad noética descubre. En el problema de la existencia, Llorens apela a las soluciones del realismo natural. Desde luego, el análisis de la propia conciencia suministra datos suficientes para proclamar la realidad de materia y espíritu, que se contraponen como factores del conocimiento. La realidad de Dios es demostrable por el consentimiento del género humano y a posteriori por sus efectos. La metafísica culmi­na en el conocimiento de Dios, cuya reali­dad es la ley suprema de nuestro pensar y de nuestra vida entera. La filosofía de Llorens remata en un espiritualismo cre­yente. Fue Llorens el mejor filósofo catalán del siglo XIX, y uno de los más notables de España, a excepción de Balmes. Influyó mucho en el pensamiento de su época, sobre todo en Cataluña, a pesar de no haber publicado en vida más que su Oración inau­gural del curso universitario 1854-55. Per­sonalidades eminentes como Menéndez Pe- layo, el obispo Torras y Bages y don Fran­cisco Giner de los Ríos le debieron su ini­ciación filosófica.

J. Carreras Artau